Editorial

Prevención y protección

Para reducir el riesgo de desastres, hay que reducir las vulnerabilidades.

La Razón (Edición Impresa)

23:22 / 26 de octubre de 2018

Se anuncia una intensa temporada de lluvias para las próximas semanas. Esta es una oportunidad para que las autoridades nacionales y locales demuestren lo que se aprendió de los desastres naturales que lamentablemente afectaron a varias zonas del país en el último año. Hay que saber manejar los desastres, pero sobre todo prevenirlos.

Por su posición geográfica y condiciones naturales, buena parte del territorio nacional es particularmente vulnerable a condiciones climáticas extremas y muy volátiles. De tiempo en tiempo sufrimos violentas sequías o precipitaciones pluviales intensas, las cuales suelen tener impactos importantes sobre las actividades económicas y las condiciones del hábitat de grandes poblaciones. Muchas veces, se ha tenido incluso que lamentar numerosas pérdidas humanas.

Los especialistas en gestión de riesgos ambientales enfatizan que no solamente hay que estar preparados para atender a las víctimas o para mitigar las emergencias provocadas por los desastres naturales, sino que es crucial poner en marcha acciones de prevención y de protección.

Para reducir el riesgo de desastres, hay que reducir las vulnerabilidades, muchas de ellas asociadas a la planificación territorial, los requisitos para la inversión pública y privada, las prácticas sociales y económicas de los habitantes o a un correcto aprovechamiento de los sistemas de alerta temprana. Siempre será más barato actuar antes de los problemas, que aliviar sus efectos una vez que se produjeron.

El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología ha alertado sobre la inminencia de un periodo “anómalo” de lluvias que podrían impactar en una treintena de provincias. Al parecer, se estaría por producir un adelanto de la época de lluvias, que usualmente comienza en noviembre, y un exceso de precipitaciones en varias regiones.

Frente a este anuncio es recomendable que se articule lo antes posible la red de protección civil para estar preparados ante eventuales catástrofes y sobre todo que los gobiernos departamentales y municipales, que son los que están en primera línea en los territorios, adelanten tareas de observación, de puesta en funcionamiento de mecanismos de alerta temprana y de prevención e información en las zonas más vulnerables.

Ya se cuenta con suficiente información para identificar eficazmente las áreas con mayores vulnerabilidades y riesgos. La cuestión es utilizar esos datos de manera práctica y oportuna.

Estamos pues advertidos para que instituciones públicas, entidades privadas y todos los ciudadanos asumamos nuestras responsabilidades. La gestión de riesgos ambientales es una tarea de todos; demostremos no solo nuestra capacidad de reacción y solidaridad frente a la tragedia, sino de planificación inteligente de la prevención.

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