Editorial

Las dos Coreas

El mundo mira de cerca, ahora, a las lejanas Coreas. Ahora que éstas amenazan con desatar un conflicto bélico que no sólo las enlutaría, sino que afectaría también a la economía del globo. Así somos. Los agoreros predicen que coreanos del norte y del sur podrían encender la mecha de una tercera guerra mundial; pero, de fomentarla o detenerla se ocuparían otros.

La Razón

01:00 / 27 de noviembre de 2010

Por esas paradojas que alborotan la monotonía del diario vivir, la geográficamente serena península coreana despierta de cuando en cuando sacudida por cañonazos. Rodeada tanto de golfos y bahías como de mares apacibles, aprisionada en el mapa por la gran China y el vigoroso desarrollo japonés, dicen que cuesta imaginarla, durante los tiempos de paz, acogiendo en sus faldas el sinsentido de las bombas.

No obstante su cultura milenaria y rica, por momentos la historia de Corea, primero, y de su partición, después, estuvo marcada por la crueldad. La colonización japonesa terminó junto con la Segunda Guerra Mundial, en 1945, y, ocho años más tarde, la división política en Norte y Sur trajo aparejados modelos opuestos dentro de la misma península: uno soviético socialista —luego atraído por el paradigma chino—, y otro basado en el impulso de la economía a través de los mercados y la empresa privada.

La esperanza de una futura reunificación, a partir de diferentes gestos de amistad que se dieron en la última década, se disipa con las fricciones de este 2010. Y la amenaza de que Corea del Norte pudiera estar experimentando con armas de destrucción masiva tiene en vilo a la comunidad internacional. Como sucede con el régimen iraní, los esfuerzos deberían concentrarse en persuadir a la dictadura norcoreana de que desista de sus planes nucleares.

Queda claro que si hay un pueblo sufrido entre estos dos, ése es el del Norte, cuya pobreza refleja las diferencias entre ambos estados. Por otra parte, a esta altura ya pocos se obcecan en desconocer la predisposición surcoreana a la reunificación pacífica, en contrapartida con sus vecinos encaprichados en sembrar discordia.

La inminente conflagración en las Coreas, que daría lugar a una guerra de consecuencias impredecibles, seguramente determinará una reconfiguración del tablero geopolítico mundial. Será gravitante la posición de países como China, Japón o EEUU. Quizás, como nunca antes, sobre todo de China, cuya proximidad con el régimen comunista de Corea del Norte hace prever mejores resultados. Si tiene voluntad para ello, claro.

Bolivia, en este panorama, no tiene poder respecto de las grandes potencias, pero al menos debería pronunciarse a favor del diálogo como mecanismo de solución de controversias, en el entendido de que nada justifica pasar por encima del anhelo general de preservar la paz en el mundo.

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