Editorial

‘Accidentes’ castrenses

Resulta inadmisible que las FFAA no puedan garantizar la integridad de los conscriptos

La Razón (Edición Impresa)

00:28 / 10 de mayo de 2017

Un premilitar se encuentra en terapia intensiva con el hígado lacerado en 50%, daños en un pulmón y dos costillas rotas, resultado de una supuesta caída que sufrió en el patio de un cuartel. Este nuevo “accidente” pone en la palestra, una vez más, el absurdo de obligar a los jóvenes a recibir una formación militar deficiente que pone en riesgo su integridad y hasta su vida.

Según señalan los informes oficiales, el joven se habría tropezado a las 14.00 luego de un descanso, mientras se dirigía a un adiestramiento en el Regimiento Escuela Policía Militar de Irpavi. Sin embargo, los familiares, al igual que los representantes de la Defensoría del Pueblo, dudan de esta versión. Esto debido a la severidad de las lesiones que sufrió el muchacho en el abdomen, que lo dejaron en coma durante 17 días y que han demandado, hasta ahora, cinco intervenciones quirúrgicas; así como también por el lugar donde habría ocurrido el “accidente”, un terreno plano sin perturbaciones de cuidado.

Ahora la familia de este joven no solo debe preocuparse por su vida y por su salud en general, sino también por conseguir los recursos necesarios para cubrir la atención médica, ya que el seguro con el que cuenta solo cubre hasta $us 3.000, y los gastos hasta al momento sobrepasan los $us 40.000, según el testimonio de la madre.

Es menester recordar que no es la primera vez que se registran “accidentes” de esta naturaleza en los cuarteles. Por caso, en agosto de 2014, dos jóvenes, una de 17 años y otra de 18, fueron presuntamente ultrajadas por dos instructores del Regimiento Ayacucho de Achacachi, donde prestaban su servicio premilitar. Una de ellas, la menor, además de ser violada habría recibido fuertes golpes en la cabeza que le causaron la muerte.

Y no solamente los conscriptos sufren abusos de este tipo, sino también los oficiales nuevos. Por ejemplo, el subteniente Grover Poma falleció en febrero de 2011 luego de padecer una fuerte golpiza en la Escuela de Cóndores Sanandita (Tarija). Tres años después, Ceooly Espinal, otro subteniente de ese mismo centro militar de Tarija, murió a los 23 años como consecuencia de un traumatismo encéfalo craneal, producto de uno o varios golpes que habría recibido en circunstancias similares a las de Poma.

En todos estos casos, lejos de reflexionar sobre la violencia en los cuarteles y sus terribles consecuencias, los militares trataron de desvirtuar estas muertes, atribuyéndoles causas naturales antes que sociales y culturales.

Éstos y otros hechos similares ponen en relieve no solo la imperiosa necesidad de modificar los valores que se transmiten en la institución castrense, sino también la pertinencia de mantener el servicio obligatorio en el país, porque resulta inadmisible que las FFAA se muestren incapaces de garantizar la integridad y los derechos de los jóvenes que se ven obligados a (de)formarse en los cuarteles. 

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