Columnistas

La virtud del conocimiento científico

A pesar de la existencia de importantes ingresos para disponer, la calidad de vida mejora mínimamente.

La Razón (Edición Impresa) / Sebastián Mamani Cuenca

23:40 / 11 de junio de 2019

Bolivia posee la concentración más importante de litio y hierro del mundo; casi el 50% de su superficie está cubierta por bosques; posee también importantes reservas de hidrocarburos y un gran potencial mineralógico, ubicándolo como cuarto productor mundial de estaño y undécimo de plata; además de contar con oro, zinc, plomo, antimonio y otros minerales que aún no han sido cuantificados ni cualificados sistemáticamente.

Mientras el sector privado enfoca sus esfuerzos sobre todo en la agricultura y el comercio, priorizando sus beneficios económicos a cualquier costo, el sector público invierte en proyectos de diferente índole, algunas veces paralelos al sector privado y otras con el anhelo de replicar el modelo de crecimiento y “prosperidad” de algunos países desarrollados.

Ambos sectores no podrían garantizar a largo plazo el desenvolvimiento de la economía nacional, teniendo en cuenta que casi dos terceras partes de las exportaciones corresponden al sector extractivo, y que éste es el principal dinamizador y fuente de vitalidad para los otros rubros. A modo general, el enfoque permanente del sector privado es la rentabilidad de la inversión, mientras que para el público, la variabilidad entre inversión y gasto del presupuesto, donde entran en juego múltiples miradas ajenas a la rentabilidad, ya que también dan crédito a los conceptos de bienestar social.

En el mundo, las universidades e institutos de investigación permiten el desarrollo de conocimientos complejos, a través de proyectos como las baterías nucleares para la navegación espacial, los trenes de levitación magnética, la mecanización agroindustrial, etc. Por otro lado, no menos importante es la investigación científica en economía, geopolítica, educación, filosofía, entre otras disciplinas sociales que le dan sentido, soporte y dinamismo al avance tecnológico; pues los objetos de estudio están estrechamente relacionadas con las primeras.

En el país se construyen lujosos edificios que carecen de mecanismos tecnológicos ante estaciones climáticas adversas. Asimismo, el sector público construye plazuelas con fuentes de aguas danzarinas, donde la provisión de agua es limitada. Este comportamiento contextual, por demás axiomático, revela que, a pesar de la existencia de importantes ingresos para disponer, la calidad de vida mejora mínimamente. En el otro extremo se ejecutan proyectos con enfoques modernos. Lo interesante es que son aceptados de forma abrumadora, porque satisfacen algunas necesidades y, en cierta medida, expectativas populares, aunque la tecnología utilizada sea un misterio adquirido.

La transferencia de tecnología, es decir, un movimiento de conocimiento, habilidad, organización, valores y capital desde el punto de generación de esta tecnología hasta el sitio de adaptación y aplicación de ésta, no se limita a la simple compra y venta de un bien, ni tampoco se extiende hasta su funcionamiento, sino que es aquella generadora de ciencia y tecnología, donde la especialización de recursos humanos es vital. Además, necesariamente incluye centros de investigación con sus respectivos laboratorios y la cohesión con universidades.

En conclusión, nuestra reflexión valora positivamente el mejoramiento de la economía a través del modelo implementado. No obstante, cuestiona las pretensiones industrializadoras basadas en la extracción. Y, siendo propositivos, sugerimos ampliar nuestra visión hacia un horizonte donde el presente sea la constructora de la historia, y que ésta configure los cimientos de nuestra utopía.

* Licenciado en Lingüística e Idiomas, especializado en Derecho Internacional.

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