Columnistas

Megalomanías urbanas

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

23:47 / 25 de marzo de 2019

La pulsión de los líderes políticos por dejar su huella en la historia es de siempre. Bajo el lema “el límite es el cielo” quieren construir, sin pausa, todo lo imaginable y a su imagen y semejanza. Por ejemplo, Nehru en la India encargó al célebre arquitecto Le Corbusier la capital del Punjab: Chandigarh, un despliegue arquitectónico y urbano de la modernidad del siglo XX. Jucelino Kubitschek encargó a dos discípulos del mencionado arquitecto, Lucio Costa y Oscar Niumeyer, una nueva capital en el centro de la Amazonía: Brasilia. Hitler tuvo que olvidarse de construir su nueva capital Germania encargada a su arquitecto estrella Albert Speer. Pero me interesa comentar un caso que va más allá de lo que podemos imaginar. Una realidad urbana que supera cualquier historia de ficción y es, sin duda, la megalomanía urbana por excelencia.

En el Asia central se encuentra un enorme país que tiene el doble de dimensión y de población que el nuestro: Kazajistán. Ese país, independizado del imperio soviético en 1991, estaba gobernado (acaba de renunciar sorpresivamente) por Nursultán Nazarbáyev, un longevo líder que burló procedimientos democráticos para lograr atornillarse en el poder (incluso antes de 1991) durante tres décadas. Este controvertido padre de la patria kazaja trasladó en 1997 su capital al norte del país, a una estepa de climas extremos, y la llamó Nastaná. Contrató los servicios del renombrado arquitecto japonés Kisho Kurokawa para el diseño de su plan maestro, y creó una de las capitales más pujantes del mundo equiparable a los despliegues árabes como Dubai.

Nastaná es una mezcla variopinta de Las Vegas, con toques de tecnología de punta y eclecticismo, que hace honor al vidrio colorido y reflejante por donde se pueda. En un afán desarrollista sin límites, Nursultán Nazarbáyev inauguró todos los años enormes edificios, contratando para tal efecto célebres arquitectos de todo el mundo como Norman Foster. Así acumuló en el centro de su nueva capital un Palacio de la paz y la concordia, que es una monumental pirámide acristalada, más grande y alta que las egipcias; un complejo recreacional de 10 manzanos bajo una inmensa membrana; una enorme mezquita; una gigantesca sala de conciertos; dos torres doradas a rabiar; muchos edificios que compiten por ser el más alto del Asia central y, no podía faltar, un museo a su gloria personal.

El líder kazajo decidió hace unos días dejar el poder y se retiró declarando que su nueva capital ya no se llamará más Nastaná sino Nur-sultán. Es decir, esa capital llevará por siempre su nombre como un humilde homenaje a su brillante paso por la historia.

* Arquitecto.

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