Columnistas

Eduardo Puña

Eduardo es un jugador aguerrido y fuerte, como los futbolistas de los torneos de zonas rurales y urbanas.

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona

00:30 / 01 de junio de 2019

Hace años escuché el nombre del futbolista Eduardo Carlos Puña Aguirre. Me llamó la atención su apellido paterno, con seguridad de ascendencia indígena o campesina. Llamó mi atención porque hay muy pocos futbolistas profesionales de apellidos indígenas como Mamani, Condori, Apaza, Quispe, etc. Pensé que su paso iba a ser rápido por el fútbol, como ocurrió con algunos que le antecedieron. No sé si los dirigentes o los directores técnicos son los que deciden apartar de manera anticipada a los jugadores indios del fútbol profesional, pues son muy pocos los que, como Percy Colque, han logrado mantenerse. No hay estudios sobre la participación de indígenas en el fútbol profesional, incluida la dirigencia.

Con Eduardo Puña no ha sido así, está creciendo, y su caso se ha visibilizado. En un reportaje de La Razón se dice sobre él: “toca el balón, va a la marca, se proyecta o simplemente participa de una acción de partido, el aficionado de El Alto lo aplaude, lo alienta y vitorea”. Creo que esta compenetración no solo se da con los habitantes de El Alto, sino también con el pueblo boliviano común, de ascendencia indígena, campesina y popular.

Cuando Puña está en la cancha, muchos nos sentimos representados en él. Es como si estuviéramos jugando, nos identificamos con su entrega total, con su físico mediano y, sobre todo, con su humildad. Pues no es el jugador pedante, o aquel que le gusta hacer show mediático, derribándose al piso “de todo y nada”. Recuerdo que en varios encuentros algunos jugadores de los equipos contrarios lo han buscado con mala intención, y el árbitro rara vez cobra esas infracciones.

Eduardo es un jugador aguerrido y fuerte, como los futbolistas de los campeonatos de las zonas urbanas y rurales del país. Es corredor, no se cansa. Recuerdo algunas frases de los aficionados cuando juega: “es de los nuestros, es macho para jugar”, “no es como esos jach’a laq’us (o grandotes) que con una corridita se cansan”.

Además, su perfil denota una identidad propia, atípico con el mundo futbolístico, lleno de modas y veletos. Tiene el cabello largo y lacio. Cuenta en una entrevista que le cuestionan por su forma de ser: “Los changos me dicen de todo: anticuado, chascoso, pelo de escoba. Me repiten miles de veces ‘búscate un peluquero’, pero yo no voy a cambiar, lo importante es que rinda como futbolista”. Estas palabras evidencian la personalidad de Eduardo Puña, quien no tiene los tatuajes que lucen muchos de sus colegas. Creo que tampoco le preocupa tener autos último modelo como ocurre con la mayoría de los jugadores de estos tiempos, quienes en vez de asegurar su futuro y el de sus hijos prefieren invertir en vanidades; y menos aún, según creo, apuestan a leer libros para pensar y jugar mejor.

Con su entrega, constancia y particularidad de juego, creo que Eduardo está llegando a trascender. Le toca estar en la selección boliviana. Alguien dirá: “es que es bajito, pues…”. ¿Acaso no lo es también Alejandro Chumacero, quien juega en la selección? Eduardo es tan corredor como Chumacero, entonces, y por otros aspectos, le toca estar en la selección. Escuché a un aficionado decir “ahí está nuestro Chachapumita” o “ahí está nuestro hombre pumita”. Eso es Puña. ¿Para qué sirven los jugadores que al primer contacto se lesionan y lesionan? ¿O es que fingen para ganar dinero sin jugar? Necesitamos más futbolistas al estilo de Eduardo, ¿cómo cambiaria nuestra selección? No tendría miedo a ningún equipo, incluido el de Francia.

Ma jilasaxa, Eduardo Puña, sutini wali suma mat’aqiriwa, wali suma anatt’añ yatti. Jupaxa wali jaliriwa, janiwa qarxkiti jalasaxa. Ukham anatirinakawa munasi jach’a markasanxa.

* Aymara boliviano, doctor en Estudios Culturales Latinoamericanos y docente en la UMSA.

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