Columnistas

Está viejo el poder

Lucía Sauma

23:27 / 27 de febrero de 2019

En una reunión de mujeres bolivianas de distintas clases sociales, distinta formación, unas rurales y otras urbanas, lo que las unifica es que todas son lideresas, activistas, militantes de partidos políticos, autoridades de distintos rangos, parlamentarias, juristas, empresarias, representantes estudiantiles y de otras organizaciones. En esa variadísima gama de mujeres y liderazgos otro punto de unión es que en algún momento del ejercicio de su participación han sentido el dedo, o el puño invisible —o no tan invisible— del machismo que con violencia les recuerda su condición de mujeres y que el poder aún es patrimonio de los varones.

Desde no permitirles hablar en una asamblea, pasando por encerrarlas o amenazarlas para obtener su renuncia, hasta terminar con su vida como es el caso de la concejala Juana Quispe en 2012, es la representación del extendido abanico de violencias y acoso político contra las mujeres, por el solo hecho de ser mujer, que aún se ejerce infringiendo normas como la Constitución Política del Estado, la Ley 348 o la Ley 243.

El Observatorio de Paridad Democrática ha reportado que de enero a noviembre de 2018 se presentaron 82 denuncias de autoridades mujeres que sufrieron distintas manifestaciones de violencias, acciones que en 17 casos las llevaron a presentar renuncia, aunque no se concretara. Las normas no son suficientes para acabar con las costumbres patriarcales por las que un gran número de varones piensan y actúan como dueños de la toma de decisiones en comunidades, ciudades, departamentos o el país. Están acostumbrados a ordenar y decidir sin consultar sobre absolutamente todo lo que sucede en su casa, que es el lugar donde se educan para siempre y desde donde ejercen el sistema más antiguo de dominación de la humanidad como es el patriarcado.

El camino no es fácil, pero hay avances. Por ejemplo, de las 82 denuncias presentadas el año pasado, solo el 7% abandonó sus cargos, el 93% continúa ejerciendo sus funciones. Cuatro años atrás, la mayoría de las denunciantes presentó su renuncia y casi ninguna continuó ejerciendo sus funciones.

Cada elección sea nacional o local es un reto para el cumplimiento de los derechos políticos de las mujeres en igualdad de oportunidades con los hombres. Pero aún queda un reto mayor y es que las mujeres cambien la forma de ejercer el poder y se atrevan a construir una nueva realidad política para Bolivia que cuestione los valores y la estructura del ejercicio del poder con acciones y mirada propias, actuando en consecuencia, es decir, corrigiendo y transformando las viejas y patriarcales columnas sobre las que se asientan el  tan arcaico, tan corroído, tan injusto y tan solitario poder, que solo toma en cuenta la mirada masculina.

* Periodista.

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