Columnistas

Entrevista ‘ad hominem’

La Razón (Edición Impresa) / José Luis Columba

10:23 / 09 de junio de 2019

La semana pasada se difundió la entrevista que el periodista de la cadena Univisión Jorge Ramos le hizo al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, un entretenido material audiovisual que puede ser muy útil para analizar el periodismo en tiempos de sociedades polarizadas. Los aproximadamente 14 minutos de la grabación, inicialmente confiscada, tienen poco para destacar del exquisito género periodístico de la entrevista. Pero dan bastante para comentar sobre el uso de la falacia ad hominem; es decir, tomar como principal argumento un descalificativo hacia el emisor, sin importar el sustento de la idea.

El presente artículo no busca opinar sobre la veracidad o falsedad de las acusaciones que se lanzaron en la mencionada entrevista, puesto que sería muy extenso, y para ello se necesita de un buen café. El periodista mexicano no suele ser complaciente con sus entrevistados. En 2006 protagonizó un episodio similar con Evo Morales, quien en aquel entonces todavía usaba su icónica y sencilla chompa de líneas rojas, azules y blancas. Ramos incluso también tuvo un incidente con Donald Trump en Iowa, durante una conferencia de prensa en 2015.

El mexicano lanza aseveraciones: “Usted no es el presidente legítimo”, “fueron muchas las irregularidades (en las elecciones)”, “la mayoría de los muertos es por su culpa, señor Maduro”. Uno parece estar viendo a un policía buscando incriminar a un sospechoso antes que una entrevista, cuya característica primordial son las preguntas. A su vez, Maduro evita hacer referencia a temas delicados, usando una suerte de tutorial de la argumentación ad hominem. Acusa a Ramos de “provocador profesional”, “extranjero”, “dirigente político opositor y de la extrema derecha”.

El Presidente venezolano no habla de presos políticos porque prefiere referirse a que el mensajero (en este caso el Foro Penal) es una “organización totalmente desprestigiada, dirigida por un delincuente”. Señala que Human Rights Watch es financiada por USAID, cuando se le plantea hablar de torturas en su país, con base en un recuento de esa ONG.

Las convicciones políticas, que en  América Latina actualmente son casi dogmas, alejan al público de los hechos, materia prima del periodismo. Las acusaciones de Ramos y Maduro tampoco aportan a la búsqueda de veracidad, únicamente pretenden reafirmar sus posiciones ante quienes creen fiel y religiosamente en sus palabras.

Esta figura, estudiada por la filosofía, está presente a diario en las redes sociales. Seguramente la falacia ad hominem será constante en la campaña que se avecina, y para ello, políticos y militantes preparan un arsenal de descalificativos. 

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