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Recuperando nuestro silencio y ajayu

Estamos hartos de que el ‘desarrollo’ que nos imponen gobiernos y empresas equivalga a ecocidio.

La Razón (Edición Impresa) / Ariel Pérez Castellón

09:13 / 09 de diciembre de 2019

En 2004 llamé por teléfono al entonces líder del MAS, EvoMorales. No lo conocía personalmente, la posibilidad de que respondiera eraremota. Con otros compañeros habíamos elaborado una propuesta ciudadana paraincorporar normas de transparencia y acceso a la información en la nueva Ley deHidrocarburos. Nuestra sociedad estaba pariendo un nuevo ciclo histórico apartir de la conciencia social, la indignación y la acción colectiva frente a unEstado privatista, gamonal y excluyente. Los pueblos indígenas, los campesinos,los sectores urbanos periféricos y empobrecidos se movilizaban y exigían serprotagonistas de su historia. Con humildad proverbial, Evo no solo respondió ala llamada sino que además nos convocó a reunirnos un par de veces para conocerla propuesta. Con el apoyo del MAS y de otros actores políticos y sociales, lapropuesta dio lugar a una norma expresa en la nueva Ley de Hidrocarburos.

En casi 14 años de gobierno, Evo Morales cosechó grandeslogros y fracasos. Entre los primeros están la renegociación soberana de nuevoscontratos petroleros y la multiplicación de la renta hidrocarburífera, laimportante disminución de la brecha de la pobreza, y la Constitución Políticadel Estado Plurinacional. No obstante, creo que su principal aporte fue elproceso de inclusión política y social de las otrora naciones y colectividades“clandestinas” del país, y el imaginario colectivo de que la silla presidencialy de los otros órganos del Estado no son patrimonio de gamonales y letrados.Cualquier líder u organización que ignore este nuevo sentido común estácondenado a la resistencia social y el fracaso.

El gobierno de Evo fue perdiendo su ajayu, su sentido dehumildad, de autocrítica y sus líneas de comunicación con sectores crecientesde la sociedad hace varios años. Posiblemente este proceso de socavación de susprincipios y espíritu empezó en 2010, cuando iniciaba la etapa deimplementación de la nueva Constitución. El Gobierno no fue capaz de sentar lasbases de un nuevo modelo de desarrollo centrado en el vivir bien en armonía conla Pachamama. En cambio, profundizó el extractivismo petrolero, minero yagropecuario. Cultivó el maniqueísmo para descalificar las opiniones contrariasa las líneas de gobierno. Para ello apeló al hostigamiento, a laestigmatización política, y a la vulneración de las libertades de asociación yde expresión de personas y organizaciones disidentes. Y seguramente su mayorerror fue el mesianismo y prorroguismo inconstitucional de Evo, así como ladefraudación de la voluntad popular que en 2016 votó en contra de supostulación a una nueva reelección.

El diálogo receptivo, la no violencia, y un estado deconciencia alimentado por el silencio y la complementariedad en el otro nosayudarán a reconstruir los puentes y líneas de comunicación que hemosfragmentado. Hoy más que nunca debemos tener la valentía y honestidad paracondenar el racismo, aborrecer el insulto a las ideas del otro, la vendettacomo moneda de cambio y el fanatismo religioso que aúpe a nuevos caudillosmesiánicos.

Un nuevo acuerdo de paz y convivencia en nuestro paísdebería partir de algunos sentidos comunes: i) la naturaleza plurinacional ymulticultural de nuestro Estado, y el carácter irreversible de la inclusiónsocial y política de los pueblos indígenas y comunidades campesinas; ii) laproscripción del prorroguismo presidencial y del control hegemónico de losdiferentes órganos del Estado; iii) el pleno respeto a los derechos humanos delíderes políticos y sociales y de los ciudadanos en general; iv) y una nuevavisión de desarrollo para el país basada en la creatividad, en nuestrareverencia y comunión ancestral con la Madre Tierra.

Las nuevas generaciones exigen su derecho a la vida, asuperar los límites mentales y materiales de nuestra historia basada en laextracción y destrucción de recursos. Estamos hartos de que el “desarrollo” quenos imponen gobiernos y empresas equivalga a ecocidio, a vida chamuscada, y ahipotecar el derecho a respirar aire limpio, a beber agua fresca o a comeralimentos sin tóxicos.

Recuperando nuestro silencio y ajayuEstamos hartos de que el ‘desarrollo’ que nos imponen gobiernos y empresas equivalga a ecocidioAriel Pérez Castellón  es abogado ambientalista y de interés colectivo boliviano. En 2004 llamé por teléfono al entonces líder del MAS, Evo Morales. No lo conocía personalmente, la posibilidad de que respondiera era remota. Con otros compañeros habíamos elaborado una propuesta ciudadana para incorporar normas de transparencia y acceso a la información en la nueva Ley de Hidrocarburos. Nuestra sociedad estaba pariendo un nuevo ciclo histórico a partir de la conciencia social, la indignación y la acción colectiva frente a un Estado privatista, gamonal y excluyente. Los pueblos indígenas, los campesinos, los sectores urbanos periféricos y empobrecidos se movilizaban y exigían ser protagonistas de su historia. Con humildad proverbial, Evo no solo respondió a la llamada sino que además nos convocó a reunirnos un par de veces para conocer la propuesta. Con el apoyo del MAS y de otros actores políticos y sociales, la propuesta dio lugar a una norma expresa en la nueva Ley de Hidrocarburos.En casi 14 años de gobierno, Evo Morales cosechó grandes logros y fracasos. Entre los primeros están la renegociación soberana de nuevos contratos petroleros y la multiplicación de la renta hidrocarburífera, la importante disminución de la brecha de la pobreza, y la Constitución Política del Estado Plurinacional. No obstante, creo que su principal aporte fue el proceso de inclusión política y social de las otrora naciones y colectividades “clandestinas” del país, y el imaginario colectivo de que la silla presidencial y de los otros órganos del Estado no son patrimonio de gamonales y letrados. Cualquier líder u organización que ignore este nuevo sentido común está condenado a la resistencia social y el fracaso.El gobierno de Evo fue perdiendo su ajayu, su sentido de humildad, de autocrítica y sus líneas de comunicación con sectores crecientes de la sociedad hace varios años. Posiblemente este proceso de socavación de sus principios y espíritu empezó en 2010, cuando iniciaba la etapa de implementación de la nueva Constitución. El Gobierno no fue capaz de sentar las bases de un nuevo modelo de desarrollo centrado en el vivir bien en armonía con la Pachamama. En cambio, profundizó el extractivismo petrolero, minero y agropecuario. Cultivó el maniqueísmo para descalificar las opiniones contrarias a las líneas de gobierno. Para ello apeló al hostigamiento, a la estigmatización política, y a la vulneración de las libertades de asociación y de expresión de personas y organizaciones disidentes. Y seguramente su mayor error fue el mesianismo y prorroguismo inconstitucional de Evo, así como la defraudación de la voluntad popular que en 2016 votó en contra de su postulación a una nueva reelección.El diálogo receptivo, la no violencia, y un estado de conciencia alimentado por el silencio y la complementariedad en el otro nos ayudarán a reconstruir los puentes y líneas de comunicación que hemos fragmentado. Hoy más que nunca debemos tener la valentía y honestidad para condenar el racismo, aborrecer el insulto a las ideas del otro, la vendetta como moneda de cambio y el fanatismo religioso que aúpe a nuevos caudillos mesiánicos.Un nuevo acuerdo de paz y convivencia en nuestro país debería partir de algunos sentidos comunes: i) la naturaleza plurinacional y multicultural de nuestro Estado, y el carácter irreversible de la inclusión social y política de los pueblos indígenas y comunidades campesinas; ii) la proscripción del prorroguismo presidencial y del control hegemónico de los diferentes órganos del Estado; iii) el pleno respeto a los derechos humanos de líderes políticos y sociales y de los ciudadanos en general; iv) y una nueva visión de desarrollo para el país basada en la creatividad, en nuestra reverencia y comunión ancestral con la Madre Tierra. Las nuevas generaciones exigen su derecho a la vida, a superar los límites mentales y materiales de nuestra historia basada en la extracción y destrucción de recursos. Estamos hartos de que el “desarrollo” que nos imponen gobiernos y empresas equivalga a ecocidio, a vida chamuscada, y a hipotecar el derecho a respirar aire limpio, a beber agua fresca o a comer alimentos sin tóxicos.

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