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La noche de los museos

La noche de los museos es una fiesta cultural que engalana y enaltece a la ciudad de La Paz

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

00:36 / 24 de mayo de 2018

El sábado anterior tuvo lugar la Larga Noche de Museos, iniciativa que este año se convirtió en un ejemplo para el país, ya que ciudades como Cochabamba y Santa Cruz imitaron una de las expresiones urbanas más interesantes, singulares y propias de La Paz: una muestra de la cultura basada en el acceso libre a los museos, edificaciones históricas, e instituciones culturales que exponen y promocionan el arte, conciertos de música. Incluso participaron algunas embajadas, como la de Brasil, que abrió sus puertas para que la ciudadanía conozca un bello ejemplo de arquitectura del pasado.

Cabe decir que este evento dura cada vez más horas y se amplía, tanto en actividades como en calidad, por lo que su sentido crece al incorporar al habitante en general al conocimiento de la estética y la cultura. Por ejemplo, en la CAF (Av. Arce) se exhibieron no solo obras históricas destacables como la de Cecilio Guzmán de Rojas o Enrique Arnal, sino que también se presentó música nacional y el baile de la cueca. En otro barrio tradicional como el de Sopocachi también hubo varias muestras; algunas nada suntuosas pero que relataron parte de su historia. Nos referimos a Las Flaviadas, que permitieron al público sentir y apreciar la música culta acústicamente bien lograda. Un deleite para los amantes de la música clásica.

Así, a partir de su variada oferta, la noche de los museos es una fiesta cultural que engalana y enaltece a La Paz no solo por el valor de sus exposiciones, sino también porque trastoca a esta ciudad y sus calles a otro tipo de imagen: habitantes en busca de cultura. Esto se comprueba en el ir y venir de una población interesada en visitar y observar la mayor cantidad de museos, alentada por la avidez de conocimiento de los niños. Como es de suponer, aquello reafirmó el valor de uso de la ciudad y dejó atrás las actividades tradicionales relacionadas con las festividades.

Se debe destacar, además, la tranquilidad con la que cientos de caminantes, sin temor a la inseguridad nocturna, ingresaron a centros culturales no solo a regodearse con obras de arte, sino incluso a recabar información sobre los servicios que ofrecen (fue el caso de institutos como el Goethe). Asimismo, sobresale que con esta actividad anual la ciudadanía, sin distinción alguna, haya hecho un repaso a la historia de los movimientos artísticos de diferentes épocas, a través de obras que reflejan la estética en general de los distintos tiempos y espacios, incluidos el arte conceptual y las instalaciones. Por todo ello, la noche del sábado se vivió una fiesta urbana que convirtió al museo ceremonioso y cerrado en un lugar accesible e inclusivo en el plano de la diversidad social. Quedó comprobada la calidad y la buena organización del evento, aunque se extrañó una mayor cantidad de guías que expliquen al visitante el valor histórico de las obras de arte.

Es de esperar que la fuerza y especialmente el sentido de la Larga Noche de Museos vayan en crecimiento, no solo para beneficio de la ciudad y el arte, sino también para los nuevos movimientos artísticos creativos. Vale recordar que desde el siglo XVII se intentó negar la capacidad analítica y demostrativa del arte, y sobre todo, el hecho de que puede ser comprensible para toda la gente. Por eso es indispensable que hoy, además de ser reconocido por su valor, el arte sea respetado como parte de la investigación de las expresiones culturales.

Inobjetablemente, la Larga Noche de Museos permitió evidenciar, una vez más, el baño de sensibilidad y apreciación del arte al que puede llevar un evento de estas características.

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