Columnistas

Lo móvil del mañana

Hay urbes que cuidan con celo su pasado y otras que enfrentan una vida en constante movimiento.

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

23:39 / 05 de junio de 2019

Pocas veces se recuerda a las ciudades pequeñas, con altos bastiones y arterias tipo escalera, que si bien eran sugestivas por la sucesión de sus callejuelas y casas tenían mucho de “inmóviles”. Como es lógico, las ciudades evolucionan, y frente a ello, siempre hubo quienes se obstinan en sus visiones, como ocurrió con escritores y poetas que quisieron mantenerse en la Edad Media. Sin embargo, como es natural, tampoco faltaron los visionarios que dijeron que el tiempo debía llevar a esas ciudades a grandes cambios, acordes con la evolución del pensamiento.

Así, la particularidad de lo nuevo es que la ciudad del futuro tenga en esencia “el valor de las multitudes”. Tal percepción subsiste hasta hoy, y se refleja en el crecimiento desmedido de la población mundial, que actualmente suma cerca de 7.500 millones de personas. A ello se deben agregar las elevadas proyecciones de crecimiento; por ejemplo, se estima que a mediados de este siglo solo el Asia tenga 20 millones más de habitantes.

Esto nos lleva a pensar que aquel tiempo puro del ayer, hoy se convierte en un movimiento sin medida, donde hasta lo efímero logra que la movilidad excesiva de la vida citadina produzca grandes cambios, y las urbes se tornen mucho más dinámicas.

Cabe preguntarse, entonces, ¿por qué se sigue luchando por conservar la identidad de las urbes? Sencillo, para que tengan su singularidad y no sean todas iguales. Vale decir, que muestren un signo extraído de su propia memoria. Empero, aquello debe tener sus límites, ya que podría convertirse en una especie de “cautiverio del pasado”.

Lo que se observa en las grandes metrópolis es que toda memoria va quedando en el olvido. Esto porque se promueven grandes transformaciones en su imagen urbana, y se dejan en el pasado costumbres que rememoran el ayer, a fin de evitar cualquier añoranza de la historia heredada, olvidando que ésta colaboró en la construcción de su presente.

Es cierto que hay urbes que cuidan con celo su pasado y otras que enfrentan una vida en constante movimiento; pero en ambos casos debe tomarse en cuenta que detrás hay una población joven que requiere lo nuevo y lo contemporáneo no solo en su entorno construido, sino también en el dinamismo y velocidad del hacer, pensar y vivir, que se refleja en la necesidad de una mayor formación y conocimiento.

A pesar de ello, el futuro está cada vez más definido en cuanto al camino a seguir; lo que lleva a pensar en la necesidad de comprender la fuerza de la memoria, sin que esto signifique un encierro en el pasado, y menos obviar lo móvil del mañana. Pareciera que la idea es abrir el mosaico cultural sin dejar de perseguir nuevas visiones de futuro, pues serán éstas las que eviten la explosión de las diferencias.

* Arquitecta.

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