Columnistas

Irán: 40 años después

El modelo teocrático cuenta con importante apoyo popular.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco

23:42 / 22 de febrero de 2019

El mes de febrero es para Irán triplemente emblemático, porque señala 2.500 años del fin del legendario Imperio Persa y, hace 40 años, se conmemora la caída del Sha Mohammad Reza Pahlavi y el regreso apoteósico del ayatola Ruhollah Khomeini de su exilio parisino. En efecto, fue el día 11 que cuando el avión aterrizó en el aeropuerto de Teherán, 3 o 4 millones de iraníes se agolparon para vitorear al carismático clérigo quien ese mismo instante tomó las riendas del gobierno, defenestrando al tambaleante primer ministro Chapur Bakhtiar.

El enigmático religioso traía ya en mente la implantación de una teocracia de rígidas regulaciones islámicas que comenzaron a regir de inmediato. Entre ellas, se dictó el control total de los medios de comunicación, la segregación de sexos en lugares públicos, el porte obligatorio del velo para las mujeres y la barba para los varones, la estricta prohibición del consumo de alcohol y de la exhibición de instrumentos musicales en la televisión, la interdicción para las mujeres de montar en bicicletas y sobre todo la instauración de una policía moral encargada de supervisar el cumplimiento del nuevo orden.

En el marco de la guerra fría, Washington había perdido en el Medio Oriente una ficha clave en su confrontación con la Unión Soviética, pero Moscú tampoco había ganado un adepto. La ocupación de la embajada americana en Teherán en noviembre de 1979 por parte de estudiantes adiestrados culminó con la toma de 52 rehenes que después de arduas negociaciones y un intento fallido de rescate, fueron liberados al cabo de 444 días de cautiverio. Desde entonces los diferendos entre esos dos países continuaron ásperos y se acentuaron aún más cuando durante la guerra contra Irak (1980-1988) tanto los estadounidenses como varias potencias europeas optaron por apoyar a Sadam Husein. La cruenta batalla entre chiitas y sunitas había comenzado abiertamente para propagarse con marcada intensidad hasta nuestros días, dibujando el actual mapa geopolítico en la región. Simultáneamente, el gobierno de los ayatolas impulsaba su programa nuclear que según fuentes occidentales lo aproximaba a fabricar la temida bomba. Esa circunstancia inquietó a sus vecinos más próximos, principalmente a Israel que llegó a bombardear una de sus plantas estratégicas. Arabia Saudita, su tradicional enemigo, también manifestó sus temores junto a sus aliados del Golfo. Entonces, fue cuando comenzó a cocinarse el acuerdo que limitaba a Irán su programa nuclear y que culminó en 2015, bajo las signaturas del Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia, China, la Unión Europea y, por supuesto, Irán y Estados Unidos.

Al mismo tiempo se suspendieron las sanciones impuestas a Irán, pero la situación se complicó con el arribo a la Casa Blanca de Donald Trump quien no ratificó el calendario de la moratoria establecida y aplicó castigos no solo a Teherán, sino extensivos a todo país o empresa que negocie con esa teocracia.

La República Islámica aprovechó la crisis en Siria para expandir su influencia política y militar allí, en connivencia con Moscú, a través de su aliado libanés el partido paramilitar Hezbolla. Paralelamente, tomó parte activa en la guerra civil que se libra en Yemen, armando a los rebeldes yuties enfrentados a su rival saudita.Su política externa se aventuró también en América Latina, principalmente estableciendo nexos con las autocracias de Cuba, Venezuela y Nicaragua, seduciendo —de paso— al boliviano Evo Morales.

Actualmente, el cerco americano ha golpeado feamente la economía iraní y, aunque el modelo teocrático cuenta con importante apoyo popular, su conservación del poder político reposa primordialmente en los guardianes de la Revolución, milicianos ideologizados y agresivos.

Cuatro décadas de férreo control social comienza a resquebrajarse ante el empuje innovador del 60% de su población que nació con el arribo del primer ayatola y que aspira elevar su nivel de vida, a la occidental.

En conclusión, una implosión no está descartada a corto plazo.

* Doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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