Columnistas

Inmoral e inadmisible

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

23:32 / 24 de abril de 2019

Mediante un telegrama enviado a Naciones Unidas a inicios de abril, el Gobierno de Brasil afirmó que en 1964 no hubo golpe de Estado en aquel país. En esa misma nota justificó que los 21 años de regímenes militares fueron necesarios “para apartar la creciente amenaza de una toma comunista de Brasil y garantizar la preservación de las instituciones nacionales en el contexto de la Guerra Fría”. Con este telegrama, el gobierno de Jair Bolsonaro buscó defender su decisión de conmemorar el derrocamiento del presidente Joao Goulart. A su vez, la ONU dijo que es “inmoral e inadmisible” conmemorar el periodo que se vivió en Brasil entre 1964 y 1985, durante el cual 8.000 indígenas fueron asesinados, al menos 434 disidentes políticos murieron o desaparecieron, y se torturaron a unas 30.000 personas. Ante la reprobación del pueblo brasileño, Bolsonaro cambió la palabra “conmemorar” por “rememorar”, pero de nada sirvió el sinónimo.

Estas actitudes del Mandatario brasileño son frecuentes y responden a una ideología ultraconservadora que no considera el respeto de los derechos humanos como un valor, sino como una piedra a saltarse para evitar el tropiezo de construir una sociedad más justa. Ciertamente muchas de sus actitudes parecen caricaturas de épocas reprobadas en la historia moderna, como su famosa frase “El error de la dictadura fue torturar y no matar. La dictadura debería haber fusilado a 30.000 corruptos, entre ellos, el presidente Fernando Henrique”.

Siempre es más fácil ver el error en el otro, y a Bolsonaro le tocó darse cuenta de los excesos de su gobierno en las actitudes de su exministro de Educación Ricardo Vélez Rodríguez, quien los primeros días de abril dijo que “Pablo Escobar (exjefe del narcotráfico en Colombia) había entregado campos de fútbol para los jóvenes y una pequeña biblioteca. De esa forma los jóvenes no consumían cocaína, porque este producto estaba orientado a la exportación”. Semejante exabrupto no lo pudo pasar ni siquiera Bolsonaro. Antes ya había comprado libros escolares con errores y descartó materiales que se referían a la violencia contra las mujeres.

Quienes cometen actitudes de este tipo merecen que se les recuerde que el mundo los observa; que así como reciben el apoyo de algunos también hay quienes los desaprueban, y quizás estos últimos son muchos más de los que se piensa o de los que ellos calculan. En estos casos los bandos se dividen claramente: por un lado están los que comulgan con los torturados, los asesinados, los desaparecidos; y en el otro, los que torturaron, mataron, instalaron campos de concentración, humillaron… y quieren cambiar la historia según su conveniencia. Pero siempre hay luz al final del túnel. 

* Periodista.

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