Columnistas

El imperio de los papeles

Se dice que la modernización en los sistemas ahora computarizados depende de sus conductores.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco

00:02 / 23 de septiembre de 2017

Se dice que la modernización en los sistemas ahora computarizados depende de sus conductoresSi en mi anterior columna me refería a los sorprendentes  avances realizados en los últimos años, aunque ensombrecidos por la extrema corrupción existente a todo nivel, en esta entrega quiero compartir con el desocupado lector mi abismal sorpresa por el crecimiento inconmensurado de la burocracia y el papeleo superfluo que existe en la mayor parte de la administración pública. Ese fenómeno viene aparejado a la hipertrofia de empleados del Estado Plurinacional donde en la jugosa década pasada la masa salarial creció exponencialmente tres veces más. Es normal que se busque darle algún tipo de actividad al camarada reclutado que, muchas veces, comparte un mismo escritorio con tres personas (frecuentemente de su misma familia). Un ejemplo emblemático es la oficina de Derechos Reales que aparte de renegar del horario continuo y ostentar el triste privilegio de contar a su principal exdirector en la cárcel, los empleados, obviamente profanos, intentan interpretar a su manera y de acuerdo con su humor del momento, las innúmeras reglamentaciones que parecen haber sido pergeñadas con el cruel propósito de atormentar al contribuyente. Largas colas de impetrantes quedan insatisfechos con la información confusa de “asesores” apenas alfabetos que parecieran esperar algún incentivo para alegrar sus turnos. En contraste, Segip (Servicio de Identificación Personal) es ejemplo de agilidad y de buen servicio, tan diferente de aquel que prestaba la Policía Nacional. Migración, espejo nacional por la alta afluencia de extranjeros es una corte medioeval de los milagros, donde la gestión de un papel que señale el flujo migratorio del ciudadano tarda 10 días.

Se dice y no sin razón, que la modernización en los sistemas ahora computarizados depende de sus conductores y, en verdad, Segip fue creada por Antonio Costas (ojalá que su presencia en la Corte Electoral no altere su prestigio) y el Teleférico, una joya, está acertadamente administrado por César Dockweiler.  Ambos eficientes servidores no fueron parte de la cuota de los movimientos sociales, como el Fondo Indígena o el programa Quipus. En el sector opositor, la burocracia de la Alcaldía paceña es proverbial, aunque el contribuyente ya no se atreve a otorgar ostensiblemente propinas para acelerar sus trámites. Por ello, corregir un metro de superficie en el plano de su vivienda, puede durar fácilmente 6 meses, lo que en otras partes se arregla por internet en materia de minutos. De la Aduana Nacional el recuerdo de gestiones triviales me causa vértigo. La cereza sobre la torta es la reciente disposición por la cual para cargar gasolina en un surtidor, se tiene que completar un grueso expediente presentado ante la ANH (Agencia Nacional de Hidrocarburos) que le exige la póliza de importación del vehículo, además de los papeles rutinarios de identificación, salvo el certificado de vacunación de fiebre amarilla. Por añadidura, todo trámite debe ser personal, incluso para gente de la tercera edad y los discapacitados. Este rápido recorrido son las veredas que usa el ciudadano de a pie, que no tiene acceso a los corredores de YPFB y otras empresas públicas famosas por su estela de corrupción.

Para el sufrido paceño, que tiene que vencer diferentes bloqueos cotidianos, llegar a una repartición estatal o municipal para recabar un papel y pacientemente seguir la interminable cola para luego enfrentarse a un insensible empleado que pagado de su soberbia se complazca en decirle que hizo la fila equivocada o que el sistema no está funcionando, no es anormal, es parte de la cultura popular, agudizada últimamente por el acopio de legos funcionales empoderados en los puestos públicos.

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