Columnistas

Las guerras de la identidad

La Razón (Edición Impresa) / Reymi Ferreira

00:00 / 20 de marzo de 2019

La matanza perpetrada en dos mezquitas de Nueva Zelanda por un supremacista blanco es una de las muchas manifestaciones que confirman los pronósticos de Samuel Huntington en su obra El choque de civilizaciones. En este texto, indispensable para interpretar lo que viene sucediendo en nuestros días, Huntington plantea que los conflictos causados por razones ideológicas o políticas pasarán a un segundo plano, mientras que las guerras por diferencias culturales y tensiones entre civilizaciones ocuparán un lugar central.

Este fenómeno, según el autor, es en gran medida una reacción del mundo frente a la globalización, que tiende a uniformizar la economía, la tecnología e incluso la cultura mundial, a imagen y semejanza de la cultura occidental. Frente a la globalización, que vacía de contenido a las peculiaridades locales, las naciones se refugian en sus identidades.

Como cualquier interpretación, la explicación de Huntington no es exacta, pero tiene grados de aproximación con la realidad, lo que la convierte en una teoría muy útil a la hora de entender lo que ocurre en el periodo finisecular y en las dos primeras décadas del siglo XXI. La desintegración de Checoslovaquia, la guerra civil de la ex Yugoslavia, los conflictos entre las ex repúblicas soviéticas, los procesos de independencia promovidos en Cataluña y Escocia, la insurgencia de las identidades indígenas en América o las pretensiones autonomistas o federalistas de algunas regiones en nuestro país son un buen ejemplo de ello.

Después de la Guerra Fría, Estados Unidos y Europa pasaron a un segundo plano la “amenaza comunista”, y se preocuparon de los movimientos y organizaciones fundamentalistas islámicas, las cuales han asestado duros golpes en centros neurálgicos de Norteamérica y Europa.

El asesinato de cristianos en Nigeria, la guerrilla tamil en Sri Lanka, el conflicto entre India y Pakistán, los ataques terroristas de Al Qaeda y del Estados Islámico, al igual que la última masacre en Nueva Zelanda cometida contra creyentes musulmanes son indicadores certeros de que la tensión entre civilizaciones y la lucha por las identidades ocupan, como plantea Huntington, un espacio importante en la realidad contemporánea.

La globalización, en cuanto a unificación de estándares tecnológicos, prácticas de comercio, interconexión, unificación aduanera o integración política, no puede significar la homogeneización del mundo bajo el molde eurocéntrico. La mejor forma de integrarse sin desaparecer es la unidad en la diversidad, una forma de integración que respete las identidades culturales, y que no se entienda que modernización significa “occidentalización”.

* Abogado.

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