Columnistas

‘No te hagas el Waisman’

Don Jacobo Waisman fue impulsor del deporte, un visionario y, claro, mucho más que una frase.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo Herreras

01:23 / 22 de noviembre de 2017

El árbitro más famoso del fútbol boliviano fue un referí que pitó poco. Era “gaucho” de raíces ucranianas, judío, empresario, futbolista, entrenador, filósofo amateur, periodista, gran lector, solidario y calvo, un “divino calvo” que fue además el primer defensor del deporte en la altura de la ciudad de La Paz, y eso que sufría del corazón. Se llamaba Jacobo Waisman Sigale y todo el mundo se acuerda de la frase: “No te hagas el Waisman”, pero nada más.

Llegó a La Paz a finales de noviembre de 1927. Tenía apenas 23 años cuando vino a visitar a su tío, que regentaba una tienda en la calle Comercio dedicada a la venta de material médico y ortopédico. Se dio cuenta de que en Bolivia todo estaba por hacerse. Y Waisman lo hizo: arbitró el primer partido en el “Gran Stadium Presidente Siles”; creó la Liga de referees; fue player, socio y dirigente stronguista (más tarde fundó Always Ready); participó en el nacimiento del Automóvil Club Boliviano, del Tennis Club y del Club Hípico Los Indios; fue juez de atletismo y corresponsal del periódico La Razón en Córdoba; e importaba carne argentina para las minas de Mauricio Hochschild, de quien fue amigo.

En La Paz le llamaban cariñosamente El Gaucho, y él hacía honor al apodo: se vestía de vaquero y preparaba los mejores asados que tuvo la Casa Argentina en toda su historia. Su debut como futbolista fue para el Atlético Nacional de Córdoba, y en La Paz, para Unión Deportiva Española, el equipo de la colonia hispánica. Luego pasó a filas gualdinegras siendo jugador (back) y dirigente de The Strongest (director de juegos y patrocinador de la legendaria “medalla Jacobo Waisman” al mejor jugador gualdinegro de cada match). Entonces nació la famosa frase que llega hasta nuestros días: “No te hagas el Waisman”. Fue acuñada por los rivales del Tigre cuando Jacobo, en rol de referí, era injustamente acusado de favorecer al oro y negro.

El 28 de diciembre de 1928 una célebre nota firmada por don Jacobo Waisman en El Diario defiende por primera vez a la ciudad de La Paz y a la altura en una agria polémica con el doctor argentino Martín Gil. La sede de gobierno buscaba organizar el Campeonato Sudamericano de 1929. Un año después, Waisman fue elegido como el “mejor referee de toda Bolivia”.

Con 35 años, el “divino calvo”, de gran porte físico y alma de seductor, se casó en La Paz con doña Lilí San Martín Montes y tuvo su única hija boliviana: Yvonne (Petiza, por siempre para su papá). Eran tiempos felices, según recuerda la primogénita. Su tienda de deportes Comercial Atlas Boliviano en la calle Bueno (en los bajos del colegio La Salle) pasó a convertirse en lugar de peregrinaje para los deportistas. Los paseos a caballo desde la cancha Zapata hasta el hipódromo de San Miguel eran a lomo de Mate Amargo, el corcel que compró del presidente Enrique Peñaranda. Después, Jacobo tuvo que irse a causa, precisamente, de un mal cardiaco que empeoraba con la altura que Waisman defendía

En la última etapa de su vida en Buenos Aires abrió en Callao 737 la famosa Casa Thor (donde acudía incluso el mismísimo Fangio, al que trató de convencer sin éxito de viajar a La Paz); y la mantuvo desde 1955 hasta su muerte, en julio de 1971. Era también un habitual de los almuerzos de la colonia boliviana, siempre y cuando hubiera harto picante, especialmente de lengua, su debilidad. Su otra debilidad, la milonga, le hizo un asiduo del boliche Cambalache, donde Tania, la compañera de Santos Discépolo que cantaba los tangos como ninguna, festejaba sus dones de bailarín. Los inmorales nunca igualaron a don Jacobo.

El primer ataque al corazón le llegó con la noticia del asesinato de Kennedy en 1963. El médico le impuso entonces dos reglas inquebrantables: dieta y prohibición de ir a la cancha de Racing o escuchar el match de la “Academia” por la radio. La dieta se cumplía de lunes a sábado, pero los domingos eran sagradas jornadas de asadito y picante.

Sportman siempre caballeroso, amigo correcto y de amplia sonrisa, fue eterno querendón de Bolivia. Fue impulsor del deporte, un visionario y, claro, mucho más que una frase. Se llamaba don Jacobo Waisman y así hay que recordarlo.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia