Columnistas

La guerra de los republicanos contra los niños

Dar una buena sanidad infantil es mejor para la economía que quitarle impuestos a los megarricos.

La Razón (Edición Impresa) / Paul Krugman

09:32 / 17 de diciembre de 2017

Permítanme que les haga una pregunta, tómense su tiempo para responderla. ¿Estarían dispuestos a retirarles la atención sanitaria a 1.000 niños con la mala suerte de haber nacido en familias de pocos ingresos para poder darle a un solo heredero rico varios millones de dólares adicionales? Tal vez les parezca una pregunta tonta, hipotética y con una respuesta evidente. Pero la pregunta no es en absoluto hipotética, y por lo visto, la respuesta no es tan evidente; porque describe de manera literal la decisión que los congresistas republicanos parecen estar tomando mientras ustedes leen esto.

El Programa de Seguro Sanitario Infantil (CHIP, por sus siglas en inglés) es básicamente una parte del Medicaid (sanidad gratuita para personas sin recursos) dirigida a los estadounidenses jóvenes. Fue creado en 1997 con el apoyo de ambos partidos. El año pasado dio cobertura a 8,9 millones de niños, pero se quedó sin fondos hace más de dos meses. Los republicanos siguen diciendo que repondrán el dinero, pero siguen encontrando razones para no hacerlo. Los gobiernos de los estados, que son los que administran el programa, pronto tendrán que empezar a rechazar niños de escasos recursos que necesiten atención médica.

¿Cuál es el problema? El otro día, cuando le preguntaron por el programa (que él mismo ayudó a crear), el senador Orrin Hatch volvió a insistir en que lo dotarán de fondos, pero sin decir cuándo ni cómo (y no parece haber señales de movimiento al respecto). Y añadió que “la razón por la que el Programa de Seguro Sanitario Infantil tiene problemas es que ya no tenemos dinero”. A renglón seguido, votó a favor de una inmensa rebaja de impuestos.

Y una parte de esa inmensa rebaja fiscal es un buen regalo a los beneficiarios de grandes herencias. De acuerdo con la ley actual, el patrimonio de una pareja casada no paga impuestos a no ser que valga más de 11 millones de dólares, de modo que solo unas cuantas herencias (en torno a 5.500, menos del 0,2% del número total de fallecimientos al año) deben pagar impuestos.

El número de sucesiones gravables también es, por cierto, mucho menor a una milésima parte del número de niños cubiertos por el CHIP. Pero a los republicanos este impuesto les parece una carga inaceptable para los ricos. El proyecto de ley presentado en el Senado duplicaría la exención hasta los 22 millones de dólares; el de la Cámara de Representantes eliminaría por completo el impuesto.

Y ahora hablemos de dólares. El Programa de Seguro Sanitario Infantil cubre a muchos niños, pero la atención sanitaria de los niños es relativamente barata si la comparamos con la sanidad de los estadounidenses mayores. En el año fiscal 2016, el programa solo costó 15.000 millones de dólares. Por otra parte, con la ley actual, se prevé que el impuesto de sucesiones aporte unos 20.000 millones de dólares, de sobra para pagar el CHIP.

Como verán, mi pregunta no era en absoluto hipotética. Los republicanos están demostrando con sus acciones que consideran más importante darle más millones a un heredero ya de por sí rico que proporcionar atención sanitaria a 1.000 niños.

¿Hay alguna defensa posible para esta decisión? A los republicanos les gusta afirmar que las rebajas de impuestos se pagan por sí solas porque fomentan el crecimiento económico, pero ningún economista serio coincide, ni siquiera en el caso de rebajas en el impuesto de sociedades que podrían tener cierta repercusión económica positiva. Aplicada a los impuestos de sucesiones, esta afirmación va más allá del absurdo: no hay razonamiento verosímil que demuestre que permitir que los herederos ricos cobren su herencia sin pagar impuestos vaya a hacer que la economía crezca.

¿Y el argumento de que los impuestos de sucesiones son una carga para pequeñas empresas y explotaciones agrícolas familiares? Es un mito total y completamente desacreditado: cada año, solo 80 —un ocho y un cero— pequeñas empresas y explotaciones agrarias pagan el impuesto de sucesiones. Y cuando escuche hablar de explotaciones agrarias familiares disueltas por tener que pagar el impuesto de sucesiones, recuerden: nadie ha podido aportar un ejemplo actual.

Está también el argumento planteado por el senador Chuck Grassley de que necesitamos eliminar el impuesto de sucesiones para premiar a quienes no se gastan el dinero en “alcohol, mujeres o películas”. Sí, sin duda, dejar que Donald Trump hijo y otros como él hereden su riqueza sin pagar impuestos es una recompensa al estilo de vida austero de sus padres.

Por otra parte, ahora viene lo curioso: mientras que no hay prueba alguna de que las rebajas de impuestos vayan a pagarse por sí solas, sí que hay considerables indicios de que, a la larga, ayudar a los niños con menos ingresos ahorra dinero. Piénsenlo. Los niños que reciben una atención adecuada tienen más probabilidades de ser más sanos y más productivos cuando se conviertan en adultos, lo cual significa que ganarán más y pagarán más impuestos. También es menos probable que acaben discapacitados y necesitados de la ayuda pública. Un estudio reciente calculaba que, por el dinero invertido en asegurar a los niños, las administraciones públicas obtienen un rendimiento del orden del 2% al 7%.

Por cierto, se han alcanzado conclusiones similares respecto al programa de subvenciones para comprar alimentos: los jóvenes con una alimentación adecuada se convertirán en adultos más sanos y productivos, de modo que, a la larga, a los contribuyentes esta ayuda les cuesta poco o nada.

Pero estos resultados, aunque interesantes e importantes, no son la principal razón por la que deberíamos proporcionarles a los niños atención sanitaria y una alimentación adecuada. La simple decencia debería ser razón suficiente. Y a pesar de todo lo que hemos visto en la política estadounidense, cuesta creer que un partido político entero se resista a hacer lo debido para millones de niños y al mismo tiempo se apresure a enriquecer más a unos cuantos miles de herederos ricos.

Sin embargo, eso es exactamente lo que está ocurriendo. Y es tan malo, a su manera, como que ese mismo partido respalde a un acusado de pederastia porque espera que vote a favor de la rebaja de impuestos.

Es profesor de Economía en la Universidad de Princeton y Premio Nobel de Economía de 2008.

© 2017 The New York Times. Traducción de News Clips.

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