Columnistas

La guerra comercial no es el problema

Lo que en verdad enriquece a un país es la libertad de su mercado interno y no las condiciones externas.

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro A. Tagliavini

00:00 / 05 de junio de 2019

Luego de una tregua, hasta el 1 de marzo, acordada en la reunión del G20 organizada en Buenos Aires, las dos primeras economías globales retoman el conflicto, con más virulencia. En respuesta a la decisión de Washington de subir aranceles en $us 200.000 millones a productos chinos, Beijing estableció otros por $us 60.000 millones para bienes estadounidenses, son productos que, desde el 1 de junio han comenzado a ser gravados con tarifas de entre 5% y 25%. Luego, la Administración Trump publicó otra lista de productos que podrían ser gravados con el 25%, por un total de $us 325.000 millones, aunque la decisión no está tomada.

Estados Unidos exportó a China productos por un valor de $us 120.000 millones en 2018, e importó bienes por un valor de $us 540.000 millones. Este déficit de $us 420.000 millones es el invocado por Trump, quien reclama a Beijing que aumente sus compras de productos estadounidenses para equilibrar la balanza; que tome medidas para “proteger la propiedad intelectual”, para eliminar la transferencia forzosa de tecnología; y que permita el acceso a los mercados financieros chinos, entre otras cosas. China, por su lado, pretende que “se alineen con su posición general de reforma y apertura, y la necesidad de desarrollo de alta calidad”.

Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, se reunirán a finales de junio en Osaka durante la cumbre del G20. Entretanto, el resto del mundo se prepara para una desaceleración del crecimiento global, dado el conflicto comercial, que se perfila con una escalada más dura y prolongada. “Las iniciativas arancelarias estadounidenses… van a causar mucho daño autoinfligido…”, dice el periódico chino The Global Times. Y desde la televisión estatal aseguran que China “convertirá la crisis en una oportunidad”.

Ahora, estos temores estarían justificados si fuera cierta la primitiva teoría mercantilista, según la cual la riqueza de un país depende del comercio. Cuando, en rigor, depende de su producción y, sobre todo, de su creatividad: desarrollo tecnológico y científico. Y para maximizar esta creatividad y producción lo único necesario es que la sumatoria de los millones de cerebros humanos trabajen, y se sumen, sin ser coartados por regulaciones e impuestos estatales.

En definitiva, lo que enriquece a un país es la libertad de su mercado interno y no las condiciones externas, ya que la creatividad, precisamente, sirve para saltear obstáculos. Así, no es realmente la guerra comercial entre Estados Unidos y China la base de los problemas de la economía global, sino el aumento del peso y las regulaciones de los Estados sobre sus mercados, las personas.

Así, como señalaba The Global Times, los aranceles a productos chinos (y viceversa) perjudicarán a quienes los tiene que pagar: los estadounidenses. Como el déficit fiscal de EEUU, que ascendió a $us 970.000 millones en 2018 (4,6% del PBI), y rondaría $us 1 billón en julio de 2019, cuando termina el año fiscal. Un nivel récord que es cubierto, además de con impuestos (que son recursos extraídos del mercado), con deuda estatal, la cual sube sideralmente quitando fondos al sector privado.

China va por el mismo camino. El Gobierno ensaya medidas que profundizarán la crisis: créditos e inversión en infraestructuras financiados por bancos y compañías estatales. Es decir, mayor peso del Estado, abultando su estratosférica deuda que ronda el 300% del PBI. Zhang Weiying, de la Universidad de Beijing, advirtió que los problemas comenzaron antes de Trump. “Avanzar hacia un sector estatal más grande… llevará la economía al estancamiento”, dijo.

* Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California; @alextagliavini; www.alejandrotagliavini.com

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