Columnistas

El gato trabaja solo

Cuando se trata de gatos es necesaria una postura. Un animal tan magnético está destinado al amor o al odio.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo

00:48 / 06 de noviembre de 2019

Tengo dos gatas. Se llaman Tania y Filomena. El gato es el más inteligente, libre, fascinante y noble de todos los animales. Son extremadamente sensibles, nerviosos y limpios (para estar desprovistos de olor y así poder cazar ratones, cuyo sentido del olfato es superior). Tienen un respeto sagrado por el sueño. Es el mismo instinto que impide a los tigres atacar a presas dormidas. Poseen buena memoria y carácter.

El gato es anarquista, mientras que el perro es socialista. Es el único animal que vive entre nosotros en términos de igualdad, si no de superioridad. Nunca renuncian a su libertad y preservarán su independencia incluso a costa de su propia muerte. Se comportan igual en la casa que fuera de ella. No son doble cara. El gato te amará profundamente, pero éste será un proceso lento y podrá interrumpirse en cualquier momento. La gata rara vez comete errores y nunca el mismo dos veces. Pueden ser muy crueles, incluso pueden torturar a sus víctimas simplemente por el placer de verlas sufrir.

¿A dónde van los gatos? No lo sé. Dicen que forman una gran sociedad secreta alrededor del mundo. Van donde les da la gana y vuelven cuando quieren. Los “conquistadores” europeos consideraron a los pueblos indígenas seres inferiores, el gato tiene la misma opinión de nosotros.

Decía mi paisano bilbaíno Miguel de Unamuno que el gato nunca se ríe, nunca se lamenta, siempre está pensando. La gata obliga al ser humano a aceptarla en sus propios términos. Por eso es superior al perro. Demuestra su inteligencia unas 50 veces al día. Un doctor de Oxford asegura que las personas admiramos a los gatos o a los perros según si somos de naturaleza platónica o aristotélica. Los visionarios, los locos, los marineros, los poetas y las mujeres optamos por los felinos. Reconocemos su exquisita delicadeza, su ingenio, su valentía. Son tigres en miniatura; son tigres que comen de nuestra mano.

Uno puede ser indiferente al discurso fascista del señor Camacho, o a los gritos de la curva norte, o a los cánticos fanáticos que salen de las iglesias evangélicas, pero cuando se trata de gatos es necesario adoptar una postura. Un animal tan magnético está destinado al amor o al odio. O te fascinan o te repelen. O eres felinófilo o ailurofóbico (del griego “ailuros”, gato). ¿Son dioses o demonios? No lo sé. Mis dos gatas tienen más cosas en la cabeza que yo. Nunca llegaré a conocerla a Tania y Filomena de verdad.

El origen de los gatos también es un misterio, como su familiaridad con las brujas. Algunos hablan de Egipto, otros de Persia. Ni siquiera nos ponemos de acuerdo en el origen etimológico de la palabra gato o cat. Es impresionante averiguar que usamos vocablos parecidos en multitud de lenguas. Cattare es mirar, en referencia a la actitud siempre vigilante del gato. En euskera (vasco), la lengua más antigua de Europa, gato es katu. En el antiguo Egipto, asesinar mininos se castigaba con la muerte. En el teatro son un buen presagio.

Una gata nunca es vulgar, su belleza es extrema y sus movimientos siempre elegantes. Muchos grandes escritores y escritoras han tenido gato. Uno de los más grandes, Baudelaire, les dedicó tres poemas en Las flores del mal. Ningún lugar es más propicio para ellos que el estudio de un hombre o una mujer de letras. Su lado nocturno es seductor para todos los poetas. Y si hablamos de los críticos, esa raza maldita, sus garras afiladas pero encubiertas, su pupila contráctil que permite solo la luz necesaria y su independencia a prueba de balas son el mejor espejo.

El gato (también) trabaja solo. Tenemos que aprender de ellos, no de los hábitos esclavizantes del perro. El día en que nos volvamos más felinos salvaremos a la naturaleza. Las gatas no pierden el tiempo en sonseras. No escriben gratis para el periódico, no van al cine ni al fútbol. Ni siquiera votan. Tania y Filomena ya están cansadas de esta columna. Me lo han dicho más de una vez.

Post-data: todas las ideas de este escrito han sido fusiladas de un hermoso libro de Carl Van Vechten llamado El tigre en casa: una historia cultural del gato, publicado por mi amigo chapaco Fernando Barrientos en la editorial El Cuervo. Si tienes gata, ya tienes un libro divertido, talentoso y erudito para leer y gozar.

* Periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique. Twitter: @RicardoBajo.

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