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¿Una experiencia mística?

La experiencia mística reviste muchas formas que se pueden alcanzar mediante el yoga, las drogas, la danza...

La Razón (Edición Impresa) / Édgar Arandia Quiroga*

00:00 / 13 de mayo de 2018

Mis compadres están alistando sus trajes para la procesión danzada en devoción del Señor Jesús del Gran Poder. Asisten a los ensayos puntualmente y cuidan su rutina para que nada perturbe, y así puedan cumplir el día de la festividad su promesa al Señor.

En una misa vespertina, el diácono de la parroquia les habló de la mística y del éxtasis que deben lograr para alcanzar los favores del Señor. Puso de ejemplo a Santa Teresa de Jesús y a San Juan de la Cruz. Cada vez que mi compadre Teo duda de algunas cosas, recurre a nuestro parentesco espiritual para ponerme en figurillas al plantearme preguntas que desbaratan mi “pasar siendo”. Esta vez fue: “Compadre, ¿cómo podemos alcanzar un estado místico cuando estemos danzando para el Tatita?”. Así que, ante mi impotencia para contestarles verbalmente a mis compadres, les envié la siguiente carta a su correo.

Queridos compadres: me puse a la tarea de averiguar algunas definiciones de misticismo, que pueden ayudar para conseguir lo que el diácono propuso: “Mística viene del griego muein, que quiere decir ocultarse, cerrarse”. Al ponernos la máscara ya lo estamos haciendo. Se alude generalmente a fenómenos de la psicología o experiencia religiosa en que el sujeto dice haberse encontrado con la realidad absoluta —el Absoluto o lo absoluto— o la consumación perfecta del amor de Dios.

La experiencia mística es uno de los fenómenos que aparecen en todas las religiones, tanto primitivas como históricas. Tiene como rasgo común el que el “yo consciente” parece trascender las limitaciones de la experiencia ordinaria y del conocimiento normal convencional para adentrarse y sumergirse en una esfera distinta del ser, estableciendo una comunión intuitiva y directa con él. Para hacerlo entendible y fácil: cuando me pongo mi traje de morenada y la máscara, soy otro, estoy concentrado en danzar para el Señor del Gran Poder, le estoy pidiendo que me ayude y cuide a mi familia. Llega un momento en que me deslizo por la superficie de la calle y me olvido del mundo y entro en éxtasis, estoy en un estado místico. Si me excedo en las libaciones, ya no alcanzo ese estado, estoy bailando y no danzando.

La experiencia mística reviste muchas formas o grados que se pueden alcanzar mediante el yoga, la autohipnosis, drogas... siendo la danza una de las más antiguas que se mantiene hasta nuestros días, y en Bolivia es su principal expresión, que pervive desde las épocas precolombinas cuando eran ritualizadas para comunicarse con las divinidades.

Todas las religiones han tenido representantes místicos sobresalientes. En el cristianismo se habla de una visión intuitiva de Dios que se consuma en una transformación del alma en Dios y sin confundirse o identificarse con Él. Eso pasa cuando te alcanza una extraña felicidad al terminar de danzar. Tuvieron, compadres queridos, triple éxtasis místico, te comunicas con la Pachamama, con las divinidades y con el Dios cristiano.

En el islamismo sufista, el objetivo final de la experiencia mística culmina en la unión con Dios. En cambio para los budistas es la búsqueda de la iluminación interior y de la unión con la realidad absoluta. Nosotros, ese día, juntamos todo en uno; pareciera que nos invade una inexplicable felicidad, y cuando nos quitamos la máscara, volvemos a ser nosotros y a sentir el peso de nuestros cuerpos sobre la tierra.

Entrando más adentro, el filósofo alemán Karl Jaspers explica que por mística se entiende “dos experiencias contrapuestas entre sí. Primero: visiones concebidas como de prodecencia suprasensible; segundo: la unio mystica de la fusión en la anulación del yo y en la anulación de los objetos,  estado incomunicable en el que ni yo, ni el objeto, ni los objetos entre sí son diferentes unos de otros, sino que todo es una misma cosa. Pero mística se denomina en tercer lugar a la especulación sobre el ser en la más clara conciencia, tras la desaparición de todo lo objetivo y mediante el pensamiento mismo”. Jaspers asegura que estos tres modos de la mística se combaten recíprocamente. Espero compadre que el día de la entrada no solo vean bailarines ebrios, sino sobre todo danzantes en éxtasis místico.

*es artista y antropólogo.

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