Columnistas

Hay esperanzas para un año nuevo verde

Es indudable que los demócratas pueden hacer por el cambio climático lo que hicieron por los servicios médicos.

La Razón (Edición Impresa) / Paul Krugman

10:01 / 06 de enero de 2019

Seamos honestos: la nueva mayoría demócrata en la Cámara de Representantes no podrá promulgar nuevas leyes. Me sorprenderá si hay acuerdos bipartidistas en algún tema de importancia, incluso sobre infraestructura, donde ambos bandos afirman querer acción, pero lo que el Partido Republicano realmente quiere es una excusa para privatizar los activos públicos. Así que las consecuencias inmediatas del cambio de poder en Washington no incluirán la elaboración de políticas reales; principalmente se manifestarán en la nueva capacidad, armada con el poder de los citatorios, de los demócratas para investigar el pantano fétido de la corrupción trumpiana.

No obstante, eso no quiere decir que los demócratas deberían ignorar lo concerniente a las políticas. Por el contrario, el partido debería pasar los próximos dos años tratando de descubrir qué exactamente tratará de hacer si en 2021 obtiene el poder para promulgar leyes. Esto me lleva al gran lema político del momento: el “nuevo acuerdo verde”. ¿En realidad es una buena idea? Sí, lo es, pero es importante ir más allá de la atractiva consigna y debatir varios de los detalles. Los demócratas no deberían ser como los republicanos, que pasaron años hablando en grande de revocar Obamacare, pero nunca encontraron una alternativa realista.Entonces, ¿qué significa el nuevo acuerdo verde? No lo sabemos con certeza, razón por la cual es un buen lema: puede significar varias cosas. Sin embargo, el sentido principal, según entiendo, es que deberíamos hacer algo importante para combatir el cambio climático, y ese algo debería acentuar lo positivo, no lo negativo. En específico, debería poner énfasis en las inversiones y los subsidios, no en los impuestos al carbono.

Pero, momento, ¿no deberíamos estar considerando un impuesto al carbono? Por principio de cuentas, sí. Como cualquier economista que se precie de serlo les dirá, desalentar la contaminación poniéndole un precio a las emisiones presenta enormes ventajas, y eso se puede hacer ya sea imponiendo un impuesto o creando un sistema de comercio de emisiones en el que la gente compre y venda permisos de emisiones.

Es economía básica: un impuesto a la contaminación o su equivalente crea incentivos generalizados de una manera que las políticas menos integrales no pueden. ¿Por qué? Porque alienta a la gente a reducir su huella de carbono de todas las formas posibles, desde el uso de energía renovable, hasta la conservación y el abandono del consumo de productos que necesitan una gran cantidad de energía para funcionar o para ser producidos.

No obstante, el impuesto al carbono no deja de ser un impuesto, lo cual enojará a aquellos que tengan que pagarlo. Sí, los ingresos de un impuesto al carbono podrían usarse para recortar otros impuestos, pero será muy difícil convencer a suficientes personas de que a la larga estarán mejor. Así mismo, los argumentos de que un impuesto al carbono lo suficientemente elevado para hacer una diferencia significativa atraería un importante apoyo bipartidista son, en el mejor de los casos, una fantasía; y en el peor, un complot de la industria del combustible fósil para evitar que se tomen medidas importantes.

La cuestión es que optar por una política menos idónea, pero vendible, al menos en sus inicios, es mejor que dejar que el enemigo de lo bueno sea lo mejor. Esa fue la lección de la reforma a los servicios médicos: el pagador único no tenía posibilidades de aprobarse con el presidente Barack Obama, pero fue posible (apenas) hacer un extraño sistema híbrido público y privado que conservara el seguro basado en el empleador. De esta manera 20 millones de estadounidenses obtuvieron cobertura médica.

Ahora que se ha comenzado a hablar del principio de la cobertura universal, estamos empezando a creer que una transición gradual a alguna versión de Medicare para todos es políticamente factible, pero era importante iniciar con políticas que lograran grandes avances sin afectar en gran medida la vida de las personas. ¿Podemos lograr avances importantes también en el cambio climático sin afectar demasiado la vida de los estadounidenses? Mi interpretación de los datos dice que sí.

La mayoría de las emisiones de los gases de efecto invernadero en Estados Unidos provienen de la generación de electricidad y del transporte. Podríamos recortar dos terceras partes de las emisiones relacionadas con la generación o sencillamente poner fin al uso del carbón y usar en mayor medida las energías renovables (cuyos precios han caído de manera importante), sin pedirles a los estadounidenses que consuman menos energía. Casi con toda seguridad podríamos reducir las emisiones del transporte en una cantidad comparable, aumentando el kilometraje y el uso de los vehículos eléctricos, incluso si no reducimos la cantidad de vehículos que circulan cada año.

Estas son ganancias que se podrían obtener con una combinación de incentivos positivos, como los créditos fiscales y una regulación que no sea demasiado onerosa. Si a esto se agregan inversiones en tecnología e infraestructura que apoyen la energía renovable, un nuevo acuerdo verde que reduzca las emisiones de manera considerable parece totalmente práctico, incluso sin los impuestos al carbono. Asimismo, estas políticas crearían empleos de manera evidente en el sector de la energía renovable, el cual ya emplea a muchas más personas que el de la minería del carbón.

Por supuesto, habrá algunos que resultarán afectados. Los 53.000 estadounidenses que todavía siguen trabajando en las minas de carbón tendrían que buscarse otro trabajo en algún momento (y la ayuda para los trabajadores en las industrias de transición sería parte del nuevo acuerdo verde). Las ganancias de las empresas de los combustibles fósiles también disminuirían, aunque estas empresas ahora le dan casi todo su dinero al Partido Republicano, así que no está del todo claro por qué a los demócratas les debería importar.

Sin embargo, en general, es indudable que los demócratas pueden hacer por el cambio climático lo que hicieron por los servicios médicos: idear políticas que mejoren enormemente la situación y a la vez produzcan muchos más ganadores que perdedores. No pueden promulgar un nuevo acuerdo verde de inmediato, pero deberían comenzar a elaborarlo ahora, y estar listos para tomar acción en dos años.

Es premio Nobel de Economía.

© The New York Times Company, 2018. Traducción de News Clips.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia