Columnistas

Nada que esconder

La Razón (Edición Impresa) / Eliana Quiroz

23:41 / 13 de mayo de 2018

Glenn Greenwald, el abogado y periodista que en 2013 publicó las denuncias de Edward Snowden sobre la vigilancia masiva de civiles e incluso de mandatarios de Estado colegas por parte del Gobierno de EEUU, dice haber encontrado una forma para demostrar que la privacidad importa y responder a la frase “realmente no me preocupa la invasión de la privacidad porque no tengo nada que esconder”, que es común escuchar cuando se habla de la privacidad de datos personales.

Cuenta Greenwald que saca un bolígrafo y escribe: “Aquí está mi dirección de correo electrónico. Lo que quiero que hagas cuando llegues a casa es que me mandes por correo las contraseñas de todas tus cuentas de correo, no solo las formales, sino todas ellas, porque quiero leer lo que quiera y publicar lo que encuentre interesante. Después de todo, no eres una mala persona, si no estás haciendo nada incorrecto, no tendrás nada que esconder”. Y concluye: “Ni una sola persona ha aceptado mi oferta”. La privacidad sí importa y por eso es un derecho humano consagrado, pero ¿por qué algunos le otorgamos tan baja importancia a veces? Quiero ensayar algunas respuestas.

Es probable que se deba a que no sabemos exactamente qué información se espía; creemos que es solo el nombre, la edad, sexo y correo electrónico. Creemos que no son datos muy delicados. En realidad, la información más valiosa es acerca de gustos y estilos de vida; es decir, qué lugares se frecuenta, con quiénes se va a esos lugares, qué se busca y compra, a qué causas uno se afilia, dónde vive, si tiene hijos, a qué colegio van los hijos, con quién se contacta, con qué frecuencia, a qué hora, etc. Toda esa y otra información está grabada y la generamos cada uno de nosotros con nuestros celulares y computadoras. Y toda esa información es espiada.

También es probable que se deba a la creencia de que es un trabajo realizado por computadoras; es decir, ningún ente bueno o malo, sino neutro como las computadoras. Pero se olvida que las computadoras no funcionan solas, sino que responden a intereses de mercado y políticos que pueden privilegiar sus intereses antes que a los intereses ciudadanos. Pero también puede deberse a un rasgo muy humano: sentirse halagado de ser observado. En su fuero interno una persona siente que es importante, es un masaje al ego entender que uno está siendo observado. ¡Tan faltos de atención los seres humanos!

Estas creencias y los cambios en el estándar de lo público y lo privado que sucede cotidianamente en las redes sociales hacen que la privacidad no sea un tema aparentemente sensible, y es solo cuando se da un giro a este asunto, como el que le da Greenwald, cuando se despierta la susceptibilidad y el cuidado.

es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana. word-press.com

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