Columnistas

Desacuerdos en el MAS

Dentro de un Estado de derecho, la primacía de los derechos humanos es fundamental.

La Razón (Edición Impresa) / Verónica Rocha Fuentes

23:40 / 17 de enero de 2019

La noticia de que Cesare Battisti fue entregado a Italia tras un operativo realizado de manera conjunta entre la Interpol y la Policía boliviana marcó la agenda noticiosa del inicio de semana. El tema tuvo mucha más cobertura y atención mediática en nuestro país que, por ejemplo, en Brasil o en la misma Italia (una simple búsqueda en Google o Twitter con el apellido de Battisti puede dar cuenta de ello).

Esta inusitada atención estuvo vinculada con la condena inmediata de esta medida, mediante manifestaciones en redes sociodigitales, de personajes (luego se sumaron grupos y colectivos) del ala de la izquierda más radical dentro del MAS, quienes se dirigieron al Presidente señalándole que la entrega del italiano constituiría un “error”, una medida “contrarrevolucionaria”; o dirigían su “repudio” a la medida asumida por el Gobierno, señalando que, a través de la Conare, se habrían “violado los derechos” de este ciudadano.

Quienes nos calificamos de demócratas presenciamos estas manifestaciones con absoluta normalidad, en la medida en que se entiende que la crítica es no solo sana, sino que por demás necesaria cuando se juegan intereses colectivos y conviven corrientes distintas dentro de un mismo proyecto.

En estos 13 años varias fueron las veces en las que el gobierno del MAS adoptó decisiones que no fueron del total agrado de sus militantes y/o simpatizantes; casi siempre éstas estaban marcadas por la sospecha de una inconsecuencia ideológica. Entre ellas no se pueden olvidar las críticas manifestadas en 2010, cuando se determinó suspender la subvención a la gasolina (la medida nunca prosperó). Tampoco es fácil olvidar la considerable cantidad de renuncias en el aparato gubernamental, incluida la de la exministra de Defensa Cecilia Chacón, luego de la represión a la marcha de los indígenas que se oponían a la construcción de una carretera a través del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS). Ese año, la medida no continuó, pero años después se construyeron algunos tramos de aquel proyecto, que sigue vigente.

Por eso, cuando pensamos en los desacuerdos internos generados por la entrega de Battisti, no nos referimos a algo que no hubiera ocurrido anteriormente dentro del MAS y del Gobierno. La diferencia radica en que, en esta ocasión, las manifestaciones de inconformidad y repudio a la medida provinieron de los sectores más radicales del MAS, entre los cuales se encontraban memorables personajes que en 2010 y, con más claridad, en 2011 no se cansaron de fungir como sensores, delatores y comisarios de cualquier “librepensador” dentro de la estructura de gobierno. Esos mismos que calificaban de traidor o de “izquierda lightberal” a cualquiera que se animara a criticar alguna medida gubernamental y que hoy, orgullosos, buscan distinguirse de una corriente plena de “llunkerío”, pese a ser conocidos por operar sin sonrojo como paladines de la obsecuencia que tanto daño ha hecho a uno de los proyectos políticos más importantes de la historia del país.

A reserva del pendiente análisis sobre la existencia, o no, de la vulneración de los derechos de Battisti (falta conocer el documento de la Conare en el que se le niega el refugio), es bueno saber que los personajes aludidos empiezan a entender que dentro de un Estado de derecho la primacía de los derechos humanos es fundamental, y la crítica es saludable y necesaria. En una de esas, entre comisarios y conspiradores exhibicionistas hasta algo pueden aprender de cómo funciona nuestra democracia. 

* Comunicadora. Twitter: @verokamchatka

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