Columnistas

Una contrastante (i)realidad

Los números del informe debían haber generado un estado social de buena animosidad.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Ernesto Ichuta Nina

00:13 / 14 de septiembre de 2017

El 6 de agosto, el presidente Evo Morales brindó un informe sobre los resultados de 10 años de gobierno, catalogando este periodo como ciclo plurinacional, en oposición al llamado ciclo republicano, cuya fecha de corte sería el 2005. Además, las cifras de dicho informe fueron difundidas a través del hashtag “sueños cumplidos. Bolivia, 192 años libre y soberana”. Éste señala que 1,6 millones de personas salieron de la pobreza extrema en el periodo 2006-2016, por lo que la brecha entre ricos y pobres se cerró y se redujo la desigualdad en las ciudades, pues la diferencia de ingresos entre ricos y pobres disminuyó de 35 a 19 veces. Por efecto de ello, la clase media aumentó en 3 millones de personas.

En el tema del acceso a derechos, mediante el aumento de la inversión en educación y el presupuesto del sector salud, se evitó que más de 65.000 niños y adolescentes, abandonen la escuela y que 40.000 jóvenes más concluyan el bachillerato. Se evitó la desnutrición de 13.199 niños menores de cinco años y se logró reducir la tasa de mortalidad en un 52%. Además, hasta 2016, nueve de cada 10 mujeres embarazadas fueron atendidas por personal de salud y la esperanza de vida de los bolivianos aumentó en un rango de 8 años.

En lo laboral, si bien en 2005 ocho de cada 100 citadinos estaba desempleado, en 2016 lo estuvo solo cuatro de cada 100, por lo que la tasa de desempleo sería una de las más bajas de la región; además, el 40% de la población ocupada se encuentra asegurada, mientras que en 2005 solo lo estuvo el 22%. Y en cuanto a servicios, 2,7 millones de bolivianos más tienen acceso a agua potable, y 1,4 millones más de hogares cuentan con energía eléctrica.

Todo ello por efecto de una política económica que hizo posible que en los últimos años el país tuviera el más alto crecimiento de la región, logrando acortar su diferencia con las principales economías latinoamericanas, debido al aumento de la renta petrolera (de 674 millones a 5.489 millones de dólares en 2014) y el incremento de las reservas internacionales (de 1.714 millones de dólares, en 2005, a 10.081 millones de dólares, en 2016) que permitió el aumento de la inversión estatal en 492%, la industrialización de los recursos evaporíticos y la millonaria inversión en carreteras, infraestructura y telecomunicaciones. Bolivia contaría, además, con un sistema financiero cuyo índice de mora sería uno de los más bajos de la región (1,6) (cuando antes del 2005 era uno de los más altos (10,1), que generaría un alto grado de confianza.

Tales números debían haber generado un estado social de buena animosidad; sin embargo, la materialidad de nuestra situación volvió a hacernos ver nuestra realidad. El conflicto por el TIPNIS; la movilización de los pobladores de Achacachi, que recibió el apoyo de Adepcoca, la COB, la COD y el Magisterio; el conflicto de los comerciantes minoristas, e incluso el incendio de la Serranía de Sama y la serie de hechos que vienen revelándose día con día, como la cesación de un importante número de trabajadores de YPFB u otro caso revelado de desnutrición de una adolescente, desdicen aquella realidad numérica.

No obstante, esa contradicción tampoco parece ser suficiente como para lograr trascender en la constitución de una oposición social conformada por los inconformes, aunque no por ello puede ser desdeñada porque éstos crecen por efecto de los desaciertos del Gobierno. En todo caso, que la realidad sea disputada por una consideración subjetiva de la situación con base en la magnificación de indicadores numéricos y una consideración objetiva de la situación que se subjetiviza a través del desencanto, nos ubica en medio de dos visiones de la realidad que no encuentran aún argumentos absolutos.

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