Columnistas

Balas perdidas

La Razón (Edición Impresa) / Grover Cardozo

00:59 / 13 de diciembre de 2019

Jhonny, de 22 años, estuvo entre la multitud que el 19 de noviembre vio a militares disparar para desbloquear el paso de combustible de la planta de Senkata, en El Alto. Estudiante del glorioso Pedro Domingo Murillo, hace tres años que trabajaba como cerrajero para sostener a su compañera y a su hija de 11 meses. Es el menor de cuatro hermanos, muy querido por su mamá y por sus hermanas mayores oriundas de Luribay.

Jhonny fue aquel día a Senkata por un trabajo. Cuando estaba negociando precios y condiciones en el domicilio en el que iba a trabajar, se desató la intervención militar, con fusiles que entraron en acción. Salió asustado, y al encontrar varios heridos tirados en el suelo no dudó en socorrerlos, moviéndolos hacia un sitio más seguro. Mientras veía, despavorido, la sangre de los jóvenes a quienes arrastraba con esfuerzo, una bala perdida le impactó en la cabeza.

¿Tan poco vale la vida? ¿Tan elementales somos los humanos al creer que las disputas políticas pueden tener como única salida la muerte? El nuevo Gobierno, en su afán de consolidarse ya se anotó una elevada cifra de muertos. ¿Qué hubiese pasado si el anterior gobierno se cargaba antes del 10 de noviembre un muerto de la zona Sur?

Desde la creación de Bolivia hay un desbalance en la valoración de la vida y la muerte de uno y otro lado. Unos y otros con una valoración diferente, catalogados desde el color de la piel o el precio de la ropa. En el fondo, por ahí va la bronca de los alteños. Tal vez su pelea no sea tanto para exigir el retorno de Evo, sino por haber avizorado con él la posibilidad de que sus hijos se encuentren algún día en mejor abrazo con los hijos de la gente blanca.

Cualquier sociedad carga sobre sí toda clase de “demonios”. El racismo era uno de estos demonios con el cual se estaba luchando, pero en las últimas semanas, errores de uno y otro lado evidenciaron que la lucha por cerrar las odiosas diferencias de clase y raza es una batalla cultural noble y generosa pero de largo aliento.

La disputa por el poder ha dejado muchas bajas. Pese a los desencuentros evidentes, los esfuerzos de los operadores políticos deben apuntar a encontrar salidas no violentas. Las posibilidades son amplias: discusiones largas, negociaciones agotadoras y hasta insultos valen en este caso, pero ya no más jóvenes como Jhonny, cuya madre hasta ahora sigue petrificada por el dolor de no tener más a su hijo para el abrazo maternal.

* Comunicador social y abogado.

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