Columnistas

Entre cenizas

La Razón (Edición Impresa) / Marlene Quintanilla

00:16 / 17 de septiembre de 2019

Bolivia cuenta con ecosistemas resilientes como el Pantanal y el Bosque Seco Chiquitano capaces de afrontar sequías y/o inundaciones extremas. Este potencial es nuestro pasaporte para adaptarnos al cambio climático. Sin embargo, las presiones y amenazas ejercidas sobre ellos los están induciendo a puntos de inflexión de degradación. Este año una gran sequía golpea al oriente boliviano. En varias regiones la precipitación ha disminuido hasta en un 60%, propiciando la acumulación de biomasa seca, que es una gran cantidad de “combustible” que ante cualquier chispa se convierte en un voraz incendio.

Según datos históricos de la NASA, algunas regiones conformadas mayormente por pastizales y cerrados (70%) y bosques (30%) sufren consecutivamente este tipo de desastres (FAN, 2014). Anualmente, el fuego afecta a más de 3 millones de hectáreas en el país, más del 90% ocurre entre julio-octubre, cuatro meses devastadores para nuestra flora y fauna. Las cifras parecen ser frías, porque los incendios de pastizales versus un bosque quizás es incomparable, y para muchos resulta insólito argumentar que los ecosistemas se adaptan al fuego porque la vegetación rebrota con la primera lluvia o condición de humedad. Pero la real dimensión de los impactos es poco conocida, así como la ecología y su comportamiento frente al fuego y la capacidad de recuperación de los ecosistemas según su heterogeneidad y estructura.

El fuego es iniciado por el humano, ya sea para habilitar campos agrícolas y/o ganaderos o por una actitud pirómana de quemar lo que estorba. Esto, junto con las condiciones climáticas extremas diferentes al pasado, configura una combinación perfecta para desencadenar megaincendios que no pueden ser controlados. Estamos en el noveno mes del año y ya se han calcinado 3 millones de hectáreas en el país (FAN, 2019), el 71% en el departamento de Santa Cruz, afectando a 11 áreas protegidas (950.000 ha), cinco territorios indígenas (112.000 ha) y más de 800.000 ha de bosque.

La contaminación del aire ha superado los límites permisibles en los municipios afectados; las emisiones generadas son considerables; y lo que vendría a ser el postincendio se perfila como un escenario trágico para las comunidades y la biodiversidad que hoy deambula entre cenizas buscando refugio y alimento. La demanda de ocupar mayor territorio en el oriente boliviano requiere de medidas sólidas (ordenamiento territorial) que hagan prevalecer su potencial económico forestal, su riqueza y el patrimonio cultural, y que considere su fragilidad ecosistémica. Contamos con el bosque seco tropical más grande del mundo (el chiquitano) que es resiliente al clima, pero no al ser humano, estamos quemando a nuestro mejor aliado para enfrentar el cambio climático.

* Directora de investigación y gestión del conocimiento de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN)

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia