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¿Por qué tan cara la entrada?

Por eso es que cuando hay una campaña de beneficencia los organizadores solo le solicitan el favor al artista; “qué le cuesta” ayudar a los perritos, a un enfermo, a una causa que no ha decidido apoyar.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas

09:43 / 17 de diciembre de 2017

No, no y no. El artista no vive del aplauso, no come ovaciones y su interés no es la fama. A estas alturas es inconcebible que existan funcionarios —peor si trabajan en carteras culturales— que convoquen a los creadores para “que se hagan conocer” o que ofrezcan una remuneración “simbólica” porque el pago a la participación artística no se tomó en cuenta. Ya basta. No es posible que se fomente en el imaginario que la producción cultural es un hobby, que no tiene valor económico y que no significa crecimiento para el país. 

¿Es tanto así? No me queda duda. Un artista “cobra caro” en relación con un abogado, un electricista. Nadie se queja del precio de dos cervezas, pero cuando se pide el mismo monto por la entrada a una obra de teatro es un asalto: “¿por qué tan cara la entrada?”. Por eso es que cuando hay una campaña de beneficencia los organizadores solo le solicitan el favor al artista; “qué le cuesta” ayudar a los perritos, a un enfermo, a una causa que no ha decidido apoyar.

Pero eso sí, la comida se paga, también la amplificación, la bebida y el alquiler del espacio... Pareciera que el músico, el bailarín o el actor es el único que no “merece” un pago.

Entonces aparecen entidades que deciden no pagar por un concierto con la excusa de que te hacen “el favor” de difundir tu obra, piden un trabajo de diseño gráfico gratis —total, “son solo dibujitos”—; u ofrecen un certificado como pago por el show de tu compañía de baile. Como si los diplomas se comieran. Y ni diplomas tiene el artista, porque para la sociedad, el arte no se estudia.

Pero ante este triste panorama sí hay buenas nuevas: el Gobierno Municipal de La Paz aprobó la Ley Municipal de Fomento, Salvaguarda, Desarrollo y Promoción de las Culturas y las Artes. El gran paso de esta norma es el reconocimiento del trabajo artístico. Está el compromiso de dotar el 3,5% de los recursos propios a este campo, de brindar beneficios sociales a los trabajadores culturales y crear un fondo concursable para financiar proyectos en 17 disciplinas. Solo queda pendiente la reglamentación de la norma. Seguro habrá tropiezos, pero el futuro es por demás prometedor.

También está el trabajo —casi silencioso, pero importante— de la encargada de Formación Artística del Ministerio de Educación, Verónica Armaza, quien con su equipo encara la titulación de artistas, muchos de los cuales se han formado por años (más de los que toma una licenciatura) y al fin tienen el reconocimiento a sus estudios.

Estos avances prometen dignificar el trabajo cultural, un paso más para que, al fin, la gente aprecie a sus artistas. 

Es periodista.

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