Columnistas

Que ‘todo cambie’ para que siga la corrupción

La única manera de erradicar la corrupción es terminando con la coacción de los gobiernos

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro A. Tagliavini

23:56 / 16 de marzo de 2018

Como van las cosas, los italianos llegarán a cientos de repúblicas. La actual, la Segunda, nació después del macroproceso Mani pulite (Manos limpias) que destapó una extensa red de corrupción. Ahora, después de las recientes elecciones, Italia es el único país europeo donde los partidos anti establishment suman más del 50% de los votos, contra la casta política ineficaz y corrupta. Surgieron dos formaciones opuestas pero populistas, el Movimiento 5 Estrellas (M5S), que obtuvo el 32,6% de los votos, un artefacto antisistema fundado hace 10 años para acabar con los privilegios de la “casta”; y la Liga, con el 17,4%, una formación xenófoba. Ambos intentan presidir el Gobierno de la tercera economía de la eurozona.

El primer ministro, Matteo Renzi, del Partido Democrático (18,7%) de centro izquierda; y Silvio Berlusconi, de Forza Italia (14%), de centro derecha, fueron humillados. Pero nadie tiene una mayoría clara como para formar gobierno. “Ha nacido la Tercera República”, proclamó Luigi Di Maio, el candidato del M5S (31 años) y que comenzó su carrera en el neofascismo.

Pero la corrupción no ocurre solo en Italia, sino en los gobiernos del mundo, todos. Solo por nombrar casos recientes, señalemos que el Grupo contra la Corrupción del Consejo de Europa le pidió a Portugal, el país con mejor calidad de vida de Europa (según InterNations), que mejore la prevención de la corrupción en diputados, jueces y fiscales, ya que la situación es “globalmente insatisfactoria”.

Otra noticia da cuenta de que Netanyahu, después de 13 años en el poder israelí, está cercado por escándalos de corrupción, y la Policía ha recomendado imputarlo por soborno y fraude, aunque su capacidad de resistencia es grande. Del otro lado del Medio Oriente, el príncipe Mohamed Bin Salmán de Arabia Saudí ha iniciado su primer viaje desde que fue designado heredero. La gira, con paradas en Londres y Washington, busca atraer al reino las millonarias inversiones requeridas para las reformas dado el desplome del precio del petróleo.

Bin Salmán intenta, entre otras cosas, privatizar el 5% de Aramco, la empresa estatal de petróleo, por la que espera obtener dos billones de dólares. Pero hete aquí que, más allá de la corrupción detrás de la gigantesca compra de armas occidentales, los analistas son escépticos, ya que Aramco tiene problemas de transparencia en su gestión y tendría que revelar datos que nadie quiere esclarecer.

Es que la corrupción es esencial al Estado moderno, al punto que muchas economías no podrían funcionar sin ella. Por caso, hay países en donde el trabajo informal —“en negro”— es tal que el nivel de desocupación sería insoportable si no existiera. El problema es que el Estado moderno se define como el monopolio de la violencia dentro de un territorio, y la violencia, ya lo decían los griegos como Aristóteles, es la corrupción de la naturaleza incluida la humana y la social.

Al contrario del mercado natural, donde una persona paga por una mercadería el precio que el vendedor le pide si así lo desea, el Estado impone, por ejemplo, el cobro de impuestos incluso a aquellos disconformes, y esta disconformidad es caldo de cultivo para corromper al funcionario que tiene la capacidad de decidir la coacción de las normas. O sea, los italianos podrán cambiar miles de repúblicas, porque no es cambiándolas que terminarán con la corrupción, sino terminando con la coacción de los gobiernos.

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