Columnistas

Acoso de la junt’ucha política colonialista

¿Por qué los pueblos andinos relacionan la política colonizadora con la comida recalentada?

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona

23:52 / 16 de noviembre de 2018

El término preciso de junt’ucha en aymara es junt’uchaña, y hace referencia a la comida recalentada. Es decir, aquella que ha sobrado del almuerzo principal y que se vuelve a calentar y a consumir por una sola vez para no echar a la basura. No sé por qué se ha eliminado el sufijo “ña” y ahora solo se dice junt’ucha y se escribe, de manera errónea, juntucha. En quechua se dice q’uñichiy y tiene el mismo significado.

¿Cuál es la relación de la comida de segunda mano y la política criolla mestiza? ¿Por qué los pueblos andinos relacionan la política colonizadora con la comida recalentada? En la jerga política nacional se refiere a los acuerdos políticos conservadores de mal gusto. También alude a los pactos políticos “podridos”. Desde la mirada de los pueblos ancestrales, y sobre todo desde los pueblos aymara, quechua y uru, denominar con un término gastronómico a la práctica política colonialista implica develar lo dañino que representa la junt’ucha política para el cuerpo societal.

Hoy los políticos conservadores mantienen la lógica del p’ajp’aku o comerciantes embaucadores de comida que, por ejemplo, ofrecen sus productos cocinados con aceite recalentado. Es decir, aunque que ya no sirve lo siguen utilizando, a sabiendas de que daña al organismo y que puede provocar enfermedades gastrointestinales severas. De allí la analogía entre el viejo político conservador hoy recalentándose como el aceite para las próximas elecciones presidenciales. El adjetivo junt’ucha es el más preciso para describir las prácticas de los políticos recalentados que ya han hecho “amarres” entre sus congéneres. He aquí algunos nombres de los políticos de segunda mano o recalentados.

¿Cómo seguir creyendo a Jaime Paz Zamora, a quien le gusta que le llamen “jefe de los culitos blancos”? El no tuvo escrúpulos y menos moral a la hora de darse la mano con el exdictador Hugo Banzer Suárez. No le importó “cruzar ríos de sangre” para unirse con su perseguidor político. Si vuelve a ser presidente, asegura, va a cambiar la Constitución Política del Estado Plurinacional por la de una república. Es decir, ¿retrocederemos al viejo Estado nación que negó la pluralidad profunda de este país?

Samuel Doria Medina, capitalista y privatizador de las empresas estratégicas del país, eterno candidato a la presidencia, insiste en ser el mandamás del país. ¿Seguirá insultando al pueblo, derrochando mucho dinero y con un perfil que no llega a la altura del pueblo boliviano?

¿Qué decir de Carlos Mesa? Empírico y sabelotodo, que con aires de colonizador español no tiene escrúpulos para calificar al presidente Evo Morales de dictador. ¿Tendrá el mismo valor para decirle a su aliado Gonzalo Sánchez de Lozada que es un genocida? Seguro que no, porque “el gringo” sigue siendo su amo y su inspiración política.

Por último, qué lejos ha quedado la práctica katarista de Víctor Hugo Cárdenas cuando se enfrentaba a los colonizadores y propugnaba lo plurinacional. Hoy es un converso hacia el otro extremo, es decir, hacia lo más neoliberal y separatista del país, uniéndose con los terratenientes de Santa Cruz.

Wali llakisiñawa jichhurunakanxa. Q’ara yanqha jaqinakawa wasitampi kutt’aniñ munapxi markasa apnaqañataki. Junapanakaxa  wali parlakipapxi, amtapxi Evo jilataru jaqsuñataki. Jiwasanakaxa mayachasiñasawa, janiw kutt’anipkaspati q’ara tumayku jaqinaxa.

* Aymara boliviano, doctor en Estudios Culturales Latinoamericanos y docente en la UMSA.

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