Columnistas

Votos cartuchos

Las nuevas generaciones tienen algo muy claro, abominan la corrupción en todas sus formas.

La Razón (Edición Impresa) / Edgar Arandia Quiroga

08:42 / 04 de agosto de 2019

La población boliviana está entre las más jóvenes de América Latina o Aby Ayala. Con una edad promedio de 24,6 años, tenemos una población lista para producir riqueza. Es decir, en capacidad de trabajar, ahorrar, invertir e impulsar el crecimiento de la economía. El problema es que las fuentes de trabajo escasean y la mayoría pergeña la posibilidad de encaramarse en alguna repartición del Estado u otra que dependa del erario nacional.

En nuestro Estado, los jóvenes eligen presidentes desde los 18 años. Los integrantes de la Generación Z, aún con su acné rebelde e hipnotizados por sus celulares, deberán decidir en sus cerebros y en su corazón mantener más de lo mismo o creer ingenuamente que las cosas cambiarán. Ellos saben perfectamente canalizar su insatisfacción respecto al estado de las cosas que no les gusta. En la jerga popular se hace una analogía de la flor del cartucho con la virginidad de hombres y mujeres jóvenes, quienes cometen muchos errores por su inmadurez. Por lo menos eso es lo que creemos siempre, que la juventud es ingenua, inocente y cartucha.

El extinto mes de julio fue inusualmente el más bailado antes de las elecciones de octubre, porque los grupos políticos tenían el propósito de seducir a esta población que definirá quién seguirá en el poder o si lo deberá abandonar. El Ch’ukuta Fest, organizado por la empresa Mi Teleférico, estaba dirigido a generar simpatía por la candidatura de Evo. Los grupos interpretaron música de preferencia juvenil de diversos estratos sociales, desde cumbia villera y chichera, hasta rock pesado y reguetón. Hubo un sector firulais pagado para determinado grupo social; y otros, gratuitos, para los grupos mayoritarios de jóvenes que ven que su futuro no es tan luminoso como un show de cuatro horas.

Durante una maratónica presentación de tres días, muchos grupos musicales aturdieron a los jóvenes para ganarse simpatías. Por el otro frente, la municipalidad de La Paz, cuyo Alcalde es el principal aliado de Mesa, preparó un espectáculo gratuito en la tradicional verbena en vísperas de la conmemoración del 16 de julio, convocando a los miles de participantes que se enardecieron ante la pegajosa música de un cumbiero chileno. En ambos espectáculos participaron los mismos jóvenes.Muchos de ellos no se preocupan mucho por los programas de los partidos políticos. Es más, la mayoría los desconoce y tienen un sentido práctico de las cosas. Por ejemplo, les interesa un pepino cuando comento que la renta petrolera se incrementó un 4,3% este semestre, y que esto permitirá sostener el ritmo de crecimiento de la economía, pese a la recesión regional. Tampoco parecen interesarse de que el puerto de Arica, por donde se exporta y se importa la mayor parte de los productos bolivianos y extranjeros, subirá las tarifas por su servicio, generando un efecto negativo para los exportadores y el consumo interno del país.

Su desideologización es patente. Por eso, estos temas fundamentales de la política económica no les quita el sueño, y no asumen su condición de bono demográfico como un reto. No saben que los políticos bolivianos que se presentarán a las elecciones no tocan estos asuntos seriamente. La presión demográfica que se viene en la próxima década debe contener respuestas, sobre desde la generación de un nivel educativo de alta calidad, con base en las necesidades y capacidades productivas.

Nuestro país de paradojas, a veces traumáticas, establece estructuras inconmovibles durante décadas; por ejemplo las muchedumbres de abogados que articulan redes de corrupción junto con policías y jueces. ¿Serán necesarios más abogados? En un Estado sin institucionalidad, un abogado es el fusible entre la sociedad civil y el Estado corrupto, y siempre habrá trabajo para ellos, fatalmente.

El Estado ha descuidado el impulso de la investigación científica; en cambio, hemos elaborado monumentos espectaculares en la investigación social que llaman la atención en el exterior. Así, nuestra condición de laboratorio social ha sido enaltecida en desmedro de la investigación científica. Para superar la condición de país exportador de materias primas solamente, innegablemente, debemos estimular la creatividad en los centros de instrucción inicial; pero en un Estado envilecido las condiciones siempre serán desfavorables. Las nuevas generaciones tienen algo muy claro, abominan la corrupción en todas sus formas, y ese capital moral será puesto a prueba en octubre.

Es artista y antropólogo.

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