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‘VidActivismo’

Ser ambientalista en Bolivia ha significado repudio, burlas, ironías y hasta persecuciones

La Razón (Edición Impresa) / Raúl Pérez Albrecht

02:49 / 16 de mayo de 2015

El término ambientalista se empezó a acuñar en 1960, y fue durante la Cumbre de Estocolmo, organizada por las Naciones Unidas en 1972, cuando los países del mundo, ante la evidencia de que las acciones humanas estaban deteriorando las condiciones de vida en el planeta, decidieron incorporar en las políticas globales la temática “ambiental”. Tras años de usar el término “ambientalista”, la evidencia científica ha ido demostrando que el medioambiente no necesita que lo defiendan, ya que tiene sus propios mecanismos para equilibrarse, por ello nace la preocupación del ser humano de mejorar sus conductas frente a su entorno, e incluso buscar vida en otros planetas. Esta preocupación no es tanto por el mundo, sino por la propia supervivencia como raza.

Asimismo conviene precisar otros conceptos, como el de “catástrofe natural”. Según señala H. Weltzer, este término hace referencia a “una negligencia semántica, puesto que la naturaleza no es un sujeto, por lo cual, no experimenta catástrofes”, solo se equilibra. Por tanto, lo adecuado sería “catástrofe social”, ya que son las personas quienes sufren estos fenómenos, por lo cual sería mejor denominar este término como “catástrofes de vida”.   

La ciencia periódicamente nos brinda las alertas necesarias respecto a las consecuencias climáticas fruto de la actividad humana; sin embargo, la solución está en manos de la sociedad en general y de sus líderes en particular, quienes, al no tomar decisiones frente a los modelos económicos y sociales, originan el mal llamado “cambio climático”, fenómeno al que se le atribuye las “catástrofes sociales” que afectan a todos los países. En este sentido, lo adecuado sería nombrar estos desastres como “negligencias políticas”, que cada año le cuestan la vida a aproximadamente 400.000 personas.   

Ser ambientalista en Bolivia ha significado repudio, burlas, ironías y hasta persecuciones de parte de las principales autoridades, quienes han acusado y acusan a los defensores del medioambiente de enemigos del desarrollo nacional. Sin embargo, en el mundo muchos líderes van sumado sus voces en favor de una nueva ética. Solo por citar dos casos, este mes Ban Ki-moon declaró que “no hay un plan B, porque no hay un planeta B”; y el propio Papa manifestó recientemente que “la Tierra es el ambiente que cuidar y el jardín que cultivar”.

Tras reflexionar sobre el ambientalismo y sus términos arriba descritos, debo reconocer que la lucha es por la defensa de la vida, en todas sus formas, cruzada que defino como “VidActivismo”, esto porque es tiempo de dejar de lado las etiquetas del pasado, para comenzar a entender que esta defensa ya no es una elección, sino un deber de cada ser humano, el de velar por la vida frente a cualquier otro tipo de interés.

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