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El teleférico ha cambiado la vida en La Paz, nuestra  convivencia ahora es diferente.

La Razón (Edición Impresa) / Édgar Arandia Quiroga

00:00 / 08 de julio de 2018

En el mundo de las religiones se considera al Budismo como una orientación hacia la sabiduría, y al cristianismo, como un camino hacia el amor. Ninguna de estas dos calificaciones son asumidas por la mayoría de los bolivianos. La primera porque desconocemos los textos budistas y la segunda, porque fuimos cristianizados a través de la espada y nunca hemos logrado entender profundamente el dogma cristiano.

Algo así me comentó en el teleférico un rapado miembro de un grupo budista que me vendió un libro sobre su gurú. También me dijo que por eso no valoramos el silencio y que los políticos, con su inveterado afán de protagonismo, abren su boca para gritar y encender odios y rivalidades fruto de su vida material, exenta de valores espirituales. Me dejó pensando mientras deambulaba por las calles de la Feria 16 de Julio de El Alto buscando alguna chuchería interesante. Al regresar, tomé el teleférico de bajada, en medio de extranjeros que comentaban que en Bolivia todo es posible, pero nada es seguro; y que somos el país más extraño, porque viajamos en un transporte que solo existe en los países del primer mundo y aterrizamos de nariz en el cuarto mundo.

El teleférico ha cambiado la vida en La Paz, nuestro ritmo y desplazamiento ahora es diferente, y nuestra convivencia, también. Antes conversaba con personas en los colectivos del transporte público y eso ya no ocurre con tanta frecuencia. Ahora es en el teleférico donde confluyen personas de todos los estratos sociales y estamos obligados a mirarnos frente a frente; y cuando hay ambiente, a conversar. Allí escuché la siguiente conversación sobre economía, gastronomía, religión y política.

 —El precio del chancho va a bajar, porque ahora están criando en el altiplano estos animalitos que se alimentan de la coca desechada por las pequeñas fábricas de pichicata. Todo esto ocurre en las zonas limítrofes con Perú y Chile; por eso es común ver una choza pobre y al lado un auto último modelo. —Sí, debe ser, por eso pasan cada día por la avenida Periférica autos Caldina cargados de coca que compran en el tambo de Villa Fátima y desaparecen en El Alto, hacia todas las direcciones. —Con razón he visto recién muchos chanchos en el camino antiguo a Santa Cruz y también autos sin placas y muchas chicharronerías. —¡Humm! Qué será pues, así nomás será, no ve.

—Y lo que ahora hay un Cardenal orureño, negrito, dice que tiene hasta hijos ¿Cómo será no? —Seguro pues, yo tenía un tío franciscano que me presentaba a sus ahijados, bien igualitos a él. Los curas bolivianos son así, y está bien. Ahora podemos tener nuestra propia iglesia y en vez de Papa, podemos tener un chuño (risas). —Un cura español le está criticando, estos tatacuras creen que siguen en la Colonia.

—Y lo que le hacen a la alcaldesa de El Alto. La Chapetona grave trabaja, no le dejan. —Rafael Quispe, que es de su partido, le hace problemas; y un gordo le ha dicho que se compre brújula para criticar más bien al oficialismo, y el Quispe le ha respondido: “Y tu cómprate tijeras para cortarte la uñas”. Entre ellos no se entienden y quieren ganarle al Evito.

—Pero… y los contratos secretos. Este teleférico cuesta mucha plata, pero no sabemos cuánto. Bueno, por lo menos el teleférico nos sirve, pero su palacio del Evo ¿cuánto costará no? —Doria Medina en hospital lo va a convertir, dice, si es que gana las elecciones. Los enfermos nunca van a llegar a ese lugar por la trancadera. Además, los de la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder le van a pedir un piso al Evo. Tal vez así sea útil. Fin del trayecto, estación Inalmama.

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