Columnistas

Sabiduría indígena contra los incendios

La sabiduría de los pueblos indígenas en cuanto al cuidado de la Tierra es cuestionada o mayormente ignorada. Necesitamos urgentemente gobiernos que no tengan miedo de actuar para defender a nuestro planeta.

La Razón (Edición Impresa) / Alexis Wright

00:34 / 22 de enero de 2020

Los pueblos indígenas de Australia creen firmemente que somos la cultura más antigua del mundo. Fuimos criados con el conocimiento de que nuestros ancestros se adaptaron a las cambiantes condiciones climáticas de este lugar durante milenios. Sin embargo, nuestra sabiduría en cuanto al cuidado de la Tierra es cuestionada o mayormente ignorada. Ante los incendios catastróficos que vive Australia desde septiembre del año pasado, las autoridades gubernamentales necesitan reconocer la profundidad y el valor del conocimiento aborigen e integrar nuestras habilidades en la gestión de riesgos.

Conversé sobre el poder destructivo de los recientes incendios con mi paisano Murrandoo Yanner, líder de Gangalidda y director de la Corporación de Tierras Indígenas de Carpentaria. Yanner es un hombre creado para estos tiempos; tiene un conocimiento enciclopédico del mundo que ha asimilado y convertido en la filosofía y las leyes de Gangalidda.

Yanner afirma que el camino hacia adelante está atrás. “Si logramos entender, aprender e imaginar nuestro lugar a través de las leyes y las historias de nuestros ancestros”, me dijo, “entonces tendremos un verdadero conocimiento sobre cómo vivir, adaptarnos y sobrevivir en Australia, del mismo modo que nuestros ancestros”.

Desde los años noventa, Yanner ha orientado al pueblo indígena en el golfo de Carpentaria hacia el desarrollo económico sustentable. Guió al pueblo Waanyi en la organización de campañas para los derechos indígenas, incluyendo la oposición al desarrollo de la mina Century, una mina a cielo abierto de zinc que inició su producción en 1999 y operó durante 16 años. Hoy en día lidera el programa indígena Jigija de Entrenamiento contra Incendios, el cual capacita a ganaderos, bomberos voluntarios, guardabosques indígenas y a la industria minera para combatir el fuego con fuego, como lo hicieron nuestros ancestros.

Una de las técnicas que se enseñan en el programa es la quema controlada en mosaico de parcelas en clima frío. Propiciar incendios de baja intensidad en pequeñas áreas, durante la temporada de frío, quema la maleza de los arbustos, lo que reduce la cantidad de materiales inflamables. Esto evita la proliferación de incendios catastróficos, como los actuales. Yanner también les enseña a sus estudiantes a crear corredores biológicos: un refugio permanente en su hábitat natural que le permite a la fauna silvestre escapar de los incendios de verano.

Estas técnicas indígenas pueden reducir el daño que los incendios causan al reducir las cargas de combustible y restringir los incendios a áreas más pequeñas. Este tipo de tácticas son vitales. Si bien algunas agencias contra incendios usan estos métodos, la escala de sus esfuerzos debería intensificarse, y deberían gestionarse con más atención a las condiciones locales. Vivimos en un país propenso a los incendios. Aún nos faltan al menos dos meses para que esta temporada extendida de incendios culmine. No es demasiado tarde para empezar a planear los años futuros.

La gravedad de estos incendios nos ha mostrado una realidad que antes era inimaginable. Un feroz tornado se formó en los incendios de la isla Canguro. Un bombero, Samuel McPaul, falleció cuando su camioneta se volcó en medio de un tornado de fuego en Jingellic, Nueva Gales del Sur. Cuatro mil personas se apiñaron en la playa en el pueblo costero de Mallacoota escapando de un muro de fuego que se les acercaba; tuvieron que ser rescatados por la Marina australiana.

Matthew Deeth, alcalde de Wollondilly, Nueva Gales del Sur, hizo un resumen de la devastación. En algunas áreas no quedaba “literalmente nada”, dijo justo antes de Navidad, “además de un puñado de ramitas quemadas en el piso”. Apenas estamos empezando a entender las consecuencias desastrosas de los incendios. Los ecosistemas forestales frágiles fueron diezmados.

Cerca de 1.000 millones de animales han fallecido, según estiman los expertos. Quizás miles de aves, incluyendo nuestras icónicas cacatúas negras de cola amarilla, murieron de agotamiento cuando volaron hacia el océano para escapar de los incendios; sus restos fueron arrastrados hasta las playas del condado de Gippsland Este. Nuestros cielos australes se han cubierto de una bruma de humo durante días. Las malas noticias aumentarán cuando las lluvias arrastren vastas cantidades de ceniza de los incendios hacia nuestras vías fluviales.

Australia sigue atrapada en este hechizo aterrador conjurado por los incendios. Nuestros corazones y mentes han sido lanzados a una caldera; un volcán de furia ha sido vomitado desde nuestras bocas. Parte de esa furia está mal dirigida hacia los pirómanos o el partido de Los Verdes Australianos porque supuestamente evitaron que algunos árboles fueran talados como parte de una técnica de gestión de incendios. Pero la mayor parte de esa furia ha sido dirigida directamente al primer ministro, Scott Morrison, cuyo pueblo lo condena por haber tomado unas vacaciones en Hawái mientras su país ardía.

Muchas personas están empezando a hacer las preguntas correctas sobre el cambio climático. ¿Cuándo tendremos un liderazgo que refleje nuestras necesidades? Necesitamos urgentemente gobiernos que no tengan miedo de actuar para defender a nuestro planeta de una mayor destrucción.

Los pueblos indígenas son los guardianes de esta tierra ancestral. Los líderes de la nación deben valorar nuestros conocimientos. Secundo a Craig Lapsley, quien lideró la respuesta de emergencia tras los incendios de 2009 en Victoria conocidos como el Sábado Negro, en su llamado al Gobierno federal para que inicie un programa indígena nacional de quema. Si bien los resultados no serían inmediatos, escuchar la sabiduría indígena podría ayudar a detener los incendios catastróficos del futuro.

Este terrible desastre nos ha obligado a imaginar nuestro camino en tiempos inimaginables. Me guío por las palabras de mi paisano Murrandoo Yanner, quien me recuerda la fortaleza de nuestro antiguo país: “Lo mejor que tenemos para ofrecer hoy es nuestra humanidad, porque es todo lo que siempre tuvimos”.

* Integrante del pueblo indígena waanyi, profesora de Literatura Australiana en la Universidad de Melbourne y autora de “The Swan Book”. © The New York Times Company, 2020.

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