Columnistas

Romance de Amayapampa

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Mansilla Tórrez

00:15 / 27 de diciembre de 2017

En diciembre de 1996, hace 21 años, hubo una matanza de pobladores originarios en Amayapampa, allí donde comienza el norte de Potosí, por la posesión del oro. Reproduzco lo que escribí en esos días (21 coplas en el nombre del oro y sus perversiones) para que la memoria histórica boliviana siga fresca y en guardia.

A los juglares nos toca contar historias reales con palabras remendadas y versos artificiales. Tengo un nudo en la garganta siempre que nombro el destino de las riquezas mineras en el norte potosino.

Este es el primer romance de otra matanza que ha sido contra la gente más pobre sobre el suelo enriquecido. Lugar: Ayllu Chayantaka. Fecha: día 22. Diciembre 96. Testigos: la piedra y Dios.

Charanguito bien punteado para avisar que aquí cerca, en Kapacirca y Amaya, la gente se ha puesto terca.

Desde hace 500 años es dueña de un yacimiento áureo, privatizado recién por el Movimiento. Entonces una ordenanza fue enviada al general que se puso firme y dijo: ¡Es su orden, mi capital!

Y desplegaron soldados de La Paz, de Potosí, de Oruro, como a la guerra. No me contaron, lo vi. Antes de la Nochebuena, reyes magos del azoro quemaron incienso y mirra en el pesebre del oro.

Charanguito zapateado; la plata, el oro, el estaño, nunca fueron de Bolivia, siempre de un poder extraño.

Detrás de Aymaya y Chayanta, como si fuera una rampa, el Ejército tendió la muerte como una trampa. A los que escupieron fuego ni se les movió la cara, en Kapacirca mataron como si nada importara.

La muerte bailó su tincu como en el 65, como en San Juan, en Tolata, igual y un poco distinto. Si quieren más referencias del sangriento sucedido, por la radio Pío Doce la historia no se ha perdido.

Charango kalampeadito, airampo de color fino, vivir es morir al tiro en el norte potosino.

No sé si les gustará que siga con esta historia, pero en Bolivia la vida es olvido y es memoria. Anteayer fue por la plata, ayer fue por el estaño, esta tarde, por el oro… ¡Ay país del desengaño!

De Amayapampa hacia arriba están Panakachi y Kari, territorios del suplicio de los hermanos Katari. Y aquí no les voy a hablar de Llallagua y Siglo Veinte, de sus cien años de sangre no faltará quién les cuente.

Charanguito en temple diablo, siempre hemos sabido cómo los entreveros del oro se solucionan con plomo.

Paisano, aquí pongo fin a este testimonio fiel, vieja historia de Caín que sigue matando a Abel. 

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