Columnistas

Rius y Bolivia

En febrero de 1972, el gran caricaturista mexicano Rius dedicó una edición de su revista Los  Agachados a Bolivia.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Mansilla

00:14 / 23 de agosto de 2017

En febrero de 1972, el gran caricaturista mexicano Eduardo del Río García, mejor conocido como Rius, fallecido hace poco, dedicó una edición de su revista semanal Los Agachados a Bolivia, con motivo del golpe fascista de Banzer contra el gobierno de Juan José Torres, registrado en agosto del año anterior.

Esa publicación fue hecha por el dibujante Clovis Díaz y yo, que puse los textos, a invitación del propio Rius, quien nos visitó en enero de 1972 en el hotel Edison del DF, donde estábamos alojados 46 asilados políticos.

Clovis era un cartonista de revistas y diarios en La Paz y yo cargaba famita de humorista por mis escritos periodísticos y por un programa radial de sátira política, Olla de Grillos (1966-1971), de oposición al dictador Barrientos. Ambos trabajamos el ensayo gráfico y fuimos a mostrárselo a Rius en Cuernavaca, donde residía.

Aquella publicación de Los Agachados, “hecha al alimón por Coco Manto y Clovis Díaz”, como se escribió en la lista de créditos, traía una tapa impactante: un título “Bolivia” y en el gráfico un monigote militar cabalgando (¡arre, arre!) sobre el principal monolito de Tiwanaku. El genial Rius le puso un toque de dramatismo a ese cuadro al dibujar dos lagrimones chorreando por la cara del inmemorial monumento pétreo.

En las 36 páginas interiores nuestra historia coloreada con textos de amargo humor, sarcasmo mal disimulado de dos sobrevivientes del golpe aplicado al Jotajota Torres hace, con antier, 46 años, por gorilas, movimientistas, falangistas y paramilitares argentinos, brasileños y marines excombatientes de Vietnam llegados al país como turistas. Pobre Torres, de veras, también ferozmente atacado por la Asamblea Popular que manipulaban los trotskistas con el Filipo Escóbar a la cabeza.

Aquella edición de Los Agachados, con un tiraje de 250.000 ejemplares, se vendió en dos días. Después, yo me fui al Perú y allí laboré hasta 1977 en el diario Expreso. Retorné a Bolivia con la amnistía de 1978, pero el golpe delincuencial de García Meza me hizo volver a México. En noviembre de 1981 entré al diario Excélsior, donde estuve hasta el 2005. En ese cuarto de siglo me topé con Rius en encuentros intrascendentes rubricados por su típico “ainos” (ahí nos vemos) y chau.

En los años 90, propuse a Erbol de La Paz una entrevista sobre la vida y obra del gran Rius. Los directivos, Freddy Morales y Ronald Grebe, me autorizaron el trabajo que, hoy lo confieso, me costó mucho hacerlo por una incomprensible reticencia de Eduardo del Río hacia mí. Accedió al fin y me envió por télex unos gráficos y un par de contestaciones escuetas. Ese reportaje se publicó a página llena en el diario Presencia.

El corresponsal del Excélsior en Cuernavaca le llevó la publicación y me contó después que Rius vio la página, esbozó una sonrisita y murmuró: “dile a Coco que tá bonito y cha gracias”. Un día supe la razón de su reserva. Aunque ante amigos comunes dizque celebraba mis epigramas (publiqué más de 10.000), no le gustaba que yo estuviese en el Excélsior al mando de Regino Díaz Redondo, un personaje que se enemistó a muerte con Julio Scherer García, el hombre símbolo del periodismo revolucionario y al que el presidente Echeverría, autor de la masacre de Tlatelolco en 1968, mandó sacar en 1976 de la dirección del gran diario que este año cumplió un siglo de vida. Pero yo había ingresado al Excélsior en 1982, seis años después de aquella bronca. Bah. Historias que marcan vidas y definen destinos para bien… o para también.

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