Columnistas

Pureza versus pragmatismo

Considero que los progresistas deberían asumir con entusiasmo el Nuevo Pacto Verde

La Razón (Edición Impresa) / Paul Krugman

09:53 / 21 de abril de 2019

En este momento circulan dos grandes ideas progresistas en Estados Unidos: el Nuevo Pacto Verde (NPV), relativo a la lucha contra el cambio climático, y el “Medicare para todos”, sobre la reforma sanitaria. Ambas ideas podrían virar significativamente hacia la izquierda la política estadounidense. Ambas propuestas están siendo promovidas por personas que se autodenominan socialistas: detrás del Nuevo Pacto Verde está Alexandria Ocasio-Cortez; y del Medicare para todos, Bernie Sanders (por supuesto que ninguno de ellos es socialista en el sentido tradicional).

Ambas ideas no solamente escandalizan a los conservadores, sino también a muchos que se autodenominan centristas. Y  aunque pueden parecer similares para aquellos que piensan que todo se reduce a izquierda contra derecha, son dos propuestas muy distintas en otra dimensión, que podríamos denominar pureza frente a pragmatismo. Y esa diferencia es la razón por la que yo considero que los progresistas deberían asumir con entusiasmo el Nuevo Pacto Verde y mantenerse mucho más cautos respecto al Medicare para todos.

Verán, a pesar de su enorme ambición, se podría decir que el Nuevo Pacto Verde es un ejercicio de pragmatismo, al proponer que lo perfecto es enemigo de lo bueno. ¿Qué es lo perfecto en este caso? Los puristas de la política climática se centran en la idea de establecer un impuesto sobre el carbono para desincentivar las emisiones de gases de efecto invernadero, que están calentando el planeta, y dan la espalda a cualquier propuesta que no dé prioridad a ese impuesto.

¿Qué tiene de malo hacer del impuesto al carbono el elemento central de la política climática? Hay varios argumentos estrictamente económicos a favor de establecer un abanico de políticas públicas más amplio; por ejemplo, el apoyo del sector público puede ser crucial para el desarrollo de nuevas tecnologías energéticas limpias.

No obstante, más importante aún es la economía política. Un impuesto sobre el carbono perjudicaría a grupos significativos de personas y no solamente a multimillonarios de los combustibles fósiles como los hermanos Koch. En consecuencia, un impuesto sobre el carbono es, por sí mismo, el tipo de política coactiva que encanta a los tecnócratas, pero que muchos ciudadanos de a pie odian, como ilustra lo que acaba de ocurrir en Francia, donde el Gobierno se vio obligado a retirar el impuesto previsto sobre los combustibles fósiles ante las airadas protestas de los “chalecos amarillos”.

Por tanto, ¿cómo se puede hacer que la acción climática sea políticamente factible? La respuesta del pacto es incluir medidas para reducir emisiones contaminantes con otras muchas que la población desea, como una gran inversión pública.

El Nuevo Pacto Verde podría considerarse una propuesta de transformación económica que incluye la acción climática. Pero podría considerase también un “árbol de Navidad”, el término que tradicionalmente se da a la legislación adornada con muchas cláusulas no relacionadas con el claro propósito de ganar apoyo político.

El caso es que la acción climática probablemente no pueda lograrse sin un árbol de Navidad, y los defensores del proyecto lo aceptan. Son pragmatistas a pesar de sus grandes ambiciones.

El programa Medicare para todos, por el contrario, es un ejercicio basado en la premisa de que no debemos conformarnos con nada que no sea lo ideal. De hecho, Sanders se ha negado explícitamente a apoyar la propuesta presentada por Nancy Pelosi de mejorar el programa de Atención Sanitaria Asequible (mejor conocido como Obamacare), a pesar de que ampliaría la cobertura del seguro sanitario a millones de estadounidenses y lo abarataría para varios millones más. El razonamiento de Sanders parece ser que mejorar las cosas, aunque sea como medida provisional, debilitaría el apoyo a una transformación más radical.

Para ser justos, la simplicidad del sistema de seguro sanitario público con un único pagador que defiende Sanders tendría ciertas ventajas frente a los sistemas mixtos públicos y privados que proponen otros progresistas (por ejemplo, dejar que los ciudadanos conserven el seguro privado si quieren, pero ofrecerles la opción de entrar en el Medicare). Podría decirse que el sistema de pagador único es el que los tecnócratas elegirían si tuvieran carta blanca. De hecho, es en gran medida lo que ocurrió en Taiwán, que pidió a un grupo de expertos que diseñase su sistema sanitario y acabó con uno de pagador único.

Por otra parte, la experiencia internacional demuestra que hay diversas formas de alcanzar la cobertura universal y una atención sanitaria de calidad. Y los obstáculos políticos para un plan como el de Sanders son enormes. Casi 180 millones de estadounidenses disponen de un seguro de salud privado, y muchos están satisfechos con la cobertura que les ofrece. Los sondeos indican que, aunque la opinión pública reacciona favorablemente al eslogan de “Medicare para todos”, ese apoyo cae en picada cuando se les informa de que eliminaría los seguros privados y exigiría una subida considerable de impuestos.

Sin embargo, Sanders opina que un líder suficientemente decidido puede superar estas dudas y convencer a muchos votantes que en la actualidad están satisfechos de que en realidad les conviene un cambio radical. No conozco nada en la historia reciente que justifique esta convicción, pero ahí está.

Supongo que si consigue llegar a la Casa Blanca, Sanders descubrirá enseguida que no puede llevar a la práctica su gran proyecto, e intentará finalmente introducir una alternativa menos purista. Y seamos claros: si sale elegido cualquier demócrata, serán muchos más los estadounidenses que dispongan de una sanidad asequible que si Donald Trump sigue en la Casa Blanca.

Así y todo, es importante comprender que, entre los demócratas, pureza frente a pragmatismo es un eje tan importante como el de izquierda frente a derecha. Y las dos grandes ideas progresistas se sitúan en extremos opuestos de ese eje.

Es profesor de Economía en la Universidad de Princeton

y Premio Nobel de Economía de 2008.

© 2015 Th e New York Times. Traducción de News Clips.

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