Columnistas

Pueblo y torturadores

Los torturadores fascistas son aquellos que actúan con la complicidad del poder institucional

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes*

00:00 / 20 de octubre de 2019

Nuestra palabra está posicionada desde el pueblo y desde la mitad de cada pueblo, que somos las mujeres. El pueblo es ese lugar de identidad política que lucha para derrotar el abuso de las relaciones de poder, que son la base de las presiones e injusticias. Los pueblos indígenas luchan para erradicar las relaciones coloniales y racistas. El pueblo trabajador lucha contra las relaciones capitalistas que oprimen el trabajo de las y los trabajadores. Los pueblos luchan para liberarse de las transnacionales. En fin, hablar desde los pueblos significa el posicionamiento político que denuncia las opresiones.

Hablo desde nuestros cuerpos de mujeres que vivimos junto a nuestros pueblos todas las opresiones, más una adicional, la del machismo. Entonces, hablo desde el lugar político del Feminismo Comunitario, instrumento de lucha de nuestros pueblos. El pueblo boliviano ha vivido diferentes momentos de esta lucha. Por ejemplo, la alegría de construir un proceso de cambios a partir de 2003. Esa alegría inicial fue aumentando paulatinamente. Con orgullo vimos los diferentes logros del proceso de cambio, como la nacionalización de los hidrocarburos en favor del pueblo. Claro, también renegamos con los errores, pero solo se equivocan las y los que hacen. Las y los mirones nunca se equivocan, por cobardes. Pero claro, son opinadores.

Los torturadores fascistas son aquellos que actúan con la complicidad del poder, del poder institucional, de la patota (el grupo de abusivos) o de ambos. Por ejemplo, en las cárceles de la dictadura de Banzer (padrino de Tuto Quiroga) los torturadores estaban protegidos por los militares fascistas. Torturaban porque las y los luchadores del pueblo estaban solitos, rodeados de torturadores, estaban encarcelados, vulnerabilizados ante el poder. Así, el torturador actuaba impune.

Las hordas de fascistas que campean protegidos por las instituciones de Santa Cruz, Sucre y Cochabamba —como los comités cívicos o las universidades (qué vergüenza)—, o las barras bravas de los equipos de fútbol. Actúan en “manada” o patota y wayquean a los del MAS que se encuentran solos. ¿Qué valientes, no?

Son unos cobardes abusivos, solo atacan cuando pueden abusar, sino, se escapan y se hacen a los angelitos. Pero estos patoteros tienen detrás a los y las torturadoras de guante blanco, aquellos que ni siquiera darían la cara en patota, sino que miran la tele o las redes, se alegran y aplauden. Son los que se benefician de la estabilidad del proceso de cambio, pero que siguen siendo fachos torturadores.

Este proceso de cambios revolucionarios es eso, un proceso. Y tuvo equivocaciones y traiciones, así es construir. En el camino no fueron justos con compañeras y compañeros. Pero hoy se trata de parar, con las prácticas de la democracia del pueblo, a esos torturadores que están al acecho, tanto a los patoteros como a los de cuello blanco.

* es feminista comunitaria.

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