Columnistas

La Parca anda de mandil blanco

Ahora se tratan en la Asamblea de bolas, amarrahuatos, separatista, bestias de la mala práxides, llunkus, etcéperra.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Mansilla Torres

00:08 / 10 de enero de 2018

Desde hoy y en ciertas veces durante este año, mientras tenga el uso de La Razón, esta columna que escribo miércolesmente será de tres partes, a saber: un cuento, un lote de aforismos y un comentario.

Mier.- En el programa radiofónico Olla de Grillos que producía hace 50 años conté una vez que un profe de secundaria pidió a dos de sus alumnos ir a la Cámara de Diputados y escribir una crónica de lo que vieron y oyeron. Los chicos fueron al Congreso y se dieron con que la barra estaba atestada de público y no había dónde sentarse. Entonces, el menor de los terebotes se encaramó en los hombros del otro para saber qué pasaba en el hemiciclo y halló a los congresistas en una esgrima verbal: ¡Cállese, pasa-pasa! ¡Movis rateros! ¡Traficante! ¡Lambebotas! ¡Rosquero! ¡Agente de la CIA! ¡Maleante!... y otras gentilezas. Ahora se tratan de bolas, amarrahuatos, separatista, bestias de la mala práxides, llunkus, etcéperra.

Vuelvo al cuentito: cansado por el sobrepeso, el niño de abajo preguntó: ¿Qué pasa? ¿Ya empezó la sesión?, y el de arriba le dijo: Todavía no, hermano, recién están pasando la lista de asistentes.

Coles.- 1) Hasta para ser profesor hay que tener clase. 2) La autopsia no es más que el escrutinio de los diagnósticos médicos. 3) Esa república estaba repleta de indiocumentados. 4) Los periódicos que no se venden son los más comprados. 5) A las gallinas no les late el corazón, sino el huevo.

Mente.- El pueblo es testigo y víctima de 46 días de desprecio doctoral. Una huelga de médicos del seguro social mantiene en vilo a millares de enfermos que se agravan exitosamente. Anda la Parca oronda, de mandil blanco, ostentando su impudicia en los pasillos de hospitales y en las entretelas de pacientes inermes. En un mes y medio de tamaño abandono se suspendieron más de un millón de consultas y también unas 10.000 cirugías. Los culpables dicen que esto no es Cuba ni es Venezuela y tienen razón, porque en esos países la vida es sagrada y no mercancía.

Al principio querían la supresión de dos artículos del Código Penal que sancionan la mala práctica del ejercicio profesional, como se estila en toda sociedad con respeto a leyes que enfilan a la Justicia. Después pidieron la abrogación de todo ese Código en el plan de dotarse de impunidad, literal patente de corso para decidir, crimen sin castigo, la vida o la muerte del paciente que se les ponga a mano. Ahora, a 46 días de la huelga, buscan derribar al gobierno constitucional de Evo Morales. ¡Qué cambio descarado de diagnosis y receta!

Envalentonados por el penoso éxito de su huelga de chantajes contra la salud popular, los jampiris (curadores) titulados se ostentan como puntas de lanza de otros poderes (ya se sabrá quiénes y por cuánto), para desestabilizar al país; en esa aviesa vorágine se enrolan pesados transportistas, comerciantes reacios a pagar tributos y dizque el profesorado sumiso a una arcaica dirigencia trotskoide que, en febrero, al inicio de labores escolares, saldrá con su cantaleta de la “sociedad sin clases”. ¿Y la COB?, ahí deambula, aCOBardada.

Quiero parodiar aquí al humorista Cacho Garay que, en un programa de Tinelli, narró que un doctor le dijo a su enfermo que le quedaban solo seis meses de vida. Desolado y sin esperanza, el afectado le confesó que no tenía dinero para pagarle sus honorarios, “¡y ese buen doctor me dio otros seis meses!”. Por eso, se anima ese paciente terminal, yo apoyo a mi médico que me prometió que en cuanto termine su huelga, me atenderá en la Caja, por el resto de mi vida, para que mi deuda con él no se incremente... ¡Vaya que aquí no es Venezuela ni es Cuba!

Caray, da no sé qué recordar que el actual jolgorio doctoral inició a comienzos de noviembre pasado cuando se descubrió que el Hospital Obrero (de la Caja, que antaño decíamos Queja) hacía trabajos clandestinos de laboratorio para clínicas privadas y por ese delito fueron destituidos 10 médicos y técnicos, corruptos que procesaron 30.000 exámenes no autorizados, 18.000 de los cuales eran a urgente encargo de particulares. Tanta corrupción se daba en ese sector que hoy protesta contra mínimos controles éticos, porque —lo presumen a gritos— esto no es Cuba ni es Venezuela...

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