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Pachamama

Bolivia debe retomar las banderas de Tiquipaya 2012 y la propuesta de los derechos de la Madre Tierra.

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes*

22:20 / 10 de agosto de 2019

Agosto es el mes de la Madre de las madres, de la Pachamama, aquel principio de creación inmensa, que permanentemente es amenazado por la angurria depredadora del capitalismo. El proceso de cambio de Bolivia puso en la opinión pública internacional la importancia de la madre naturaleza; y desde las reflexiones de las organizaciones sociales se propuso, provocadoramente, respetar los derechos de la Madre Tierra en 2012.

Digo provocadoramente porque en la concepción burguesa y occidental, los derechos son exclusividad de los seres humanos. Entretanto, la tierra es como un objeto al servicio de los hombres y del capital. Por tanto, reconocer los derechos de la Madre Tierra fue una provocación; la cual si no logra ser sustenta en el tiempo, puede ser reciclada por el propio sistema. Indudablemente, lo que hizo Bolivia forma parte del caminar de nuestros pueblos originarios y las relaciones ancestrales de nuestras abuelas y abuelos, donde la humanidad es concebida como hija de la Pachamama.

El pensamiento occidental maneja formas sinuosas, poco claras, para poder manipular y plantar su dominio y hegemonía devastadora sin que casi nos demos cuenta. La preocupación en Occidente por la depredación y el envenenamiento de la madre y hermana tierra se inicia de una manera pública, después de la bomba atómica que EEUU lanzó contra Japón. En la década de los 70, esta preocupación forma parte de las reflexiones principalmente de las feministas alemanas. Según lo que sabemos, el ecofeminismo y la creación del partido verde surgen por iniciativa de las feministas alemanas, quienes a su vez se inspiraron en las mujeres de la India.

El patriarcado, que es el sistema de todas las opresiones, ha puesto a accionar el capitalismo, uno de sus brazos, para encubrir esta guerra contra la vida y la sobrevivencia del planeta Tierra. Ciertamente, la preocupación del mundo occidental por la naturaleza tuvo un caminar que se concretó con la configuración de los partidos verdes en la escena de la política europea. Sin embargo, éstos no han tenido mucho éxito a la hora de contener a sus gobiernos, y cada vez están más arrinconados.

Las banderas de las ecofeministas y de los partidos verdes hoy son utilizadas por las y los ambientalistas, quienes tienen ONG financiadas por los gobiernos contaminadores y por los capitalistas contaminadores. Permítanme decir que tanto el ecofeminismo como los partidos verdes no han logrado desprenderse de discursos fundamentalistas  y fascistas, con los que hoy actúan los ambientalistas; quienes incluso tienen fuerzas paramilitares para reprimir por ejemplo a los pueblos originarios y tradicionales, que viven en medio de las selvas de nuestros territorios.

El capitalismo verde se ha reciclado de las tenazas depredadoras de vida, que el capitalismo sabe accionar muy bien, vistiéndose de ambientalistas “dizque” protectores de los “monitos y pajaritos” contra indígenas y pueblos tradicionales; los cuales paradójicamente siempre han cuidado la madre y hermana naturaleza. Bolivia debe retomar las banderas de Tiquipaya 2012 y la propuesta de los derechos de la Madre Tierra.

*es feminista comunitaria.

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