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Mesías

Desde hace tiempo venimos alertando sobre el vaciamiento de las palabras clave en la vida política de los pueblos.

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes

09:18 / 11 de noviembre de 2018

La gran cantidad de votos profascistas con los que ganó Jair Messias Bolsonaro en Brasil sorprendieron a América Latina y, creo yo, a los propios brasileños, engañados por la calidad “democrática” del voto en su país. Desde hace mucho tiempo venimos alertando sobre el vaciamiento de las palabras clave en la vida política de los pueblos, por ejemplo, de la palabra democracia.

En Bolivia nos reapropiamos del lenguaje de los derechos para legitimar la presencia de los indígenas y luchar así contra el racismo. También vivimos el intento por parte de la derecha de apropiarse de la palabra “autonomía”, para desde allí contrarrestar la fuerza política de las organizaciones sociales; disputa que aún continúa. Sin embargo, hace falta más discusión y formación política, formación artística, impulsar la lectura, el buen cine… para que no nos sorprendan con fascismos bajo la manga.

La manera más efectiva para evitar que las palabras clave pierdan su contenido esperanzador y liberador es a través de la educación y el trabajo cultural; tareas fundamentales de la formación y la reflexión política de los pueblos. Si los socialistas usan el tiempo libre solo para patear pelota, farrear y ver telenovelas, vamos a tener gente a la que no le parecerá grave pedir una dictadura y armas para controlar al ladrón, al violador, al narco de su barrio y de comunidad.

Qué hábil fue el militar brasileño al elegir llamarse Messias, así como su discurso de ser el enviado de Dios. La derecha fascista trabajó duro en los barrios y comunidades de Brasil con prédicas de iglesias cristianas, las cuales proliferaron como mala yerba en las periferias de las principales ciudades. Y ojo que aquí en Bolivia los programas de televisión que se transmiten en la madrugada también han sido copados por predicadores con traje y corbata, que además venden la astilla de la cruz de Cristo, el agua en la que se bañó Jesús, el pedazo de tela de la capa del Señor camino al calvario, etc., etc. Todas mentiras, pero que convencen sobre todo a mujeres y hombres que atraviesan momentos desesperados en sus vidas.

Es importante desenmascarar a estos fascistas amantes de la tortura y las dictaduras, que en su prédicas atacan a lo que ellos llaman el mal, que lo personalizan en las y los luchadores sociales y en nuestras culturas y nuestros ritos. Debemos proteger nuestras vidas de estos manipuladores; nadie está libre de tener problemas y angustias, y por lo tanto, de ser vulnerables.

Debemos recuperar en nuestros barrios una teología de la liberación, las comunidades eclesiales de base que nos traía la palabra de la Biblia desde el compromiso político y el apoyo mutuo. Hay que cuidarse de los mensajes de odio, de violencia, de control de las mujeres, enmascarados en la supuesta palabra de Dios. Cada mujer, cada hombre que dé esperanzas y amor a su pueblo es un mesías. Cada mujer y cada hombre que cuide a los más necesitados es un mesías; no necesitamos soldaditos ni fascistas que vomitan plomo. ¡Viva la Teología de la Liberación!

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