Columnistas

Lo original

La Razón (Edición Impresa) / Farit Rojas

06:44 / 23 de abril de 2018

Byung Chul Han, filósofo coreano que vive y trabaja en Alemania, y que aprendió alemán leyendo una página de Hegel por día, nos cuenta la historia del holandés Han van Meegeren, el falsificador más famoso de Vermeer, el pintor y maestro holandés.

Se cuenta que Van Meegeren realizó una copia perfecta de la técnica del maestro holandés e incluso “todos los expertos de Vermeer, que se creían a sí mismos infalibles, declararon que el cuadro era verdadero. Tampoco los análisis técnicos pudieron revelar que se trataba de una falsificación”. Y es que Van Meegeren compraba lienzos antiguos de la época de Vermeer, les quitaba la pintura cuidadosamente, que luego recuperaba y la usaba para pintar cuadros bajo la técnica de Vermeer. Vale aclarar que nunca copió un cuadro de Veermer, sino que pintaba cuadros parecidos y con la misma técnica. Van Meegeren sabía que si copiaba un cuadro, era muy fácil que le digan que no era original.

Los cuadros de Van Meegeren gozaban de la opinión de los expertos, el resguardo de pares para probar la verosimilitud, prueba que propone Michel de De Certau para hablar de un original, y hasta garantizaba que la técnica de Veermer era la misma. Ni qué decir de llamadas pruebas científicas, pues el lienzo y la pintura eran de la época de Vermeer; de allí que un análisis de laboratorio garantizaba la antigüedad de la pintura.

Pero Van Meegeren confesó (y es interesante este sentido de confesar la traición al original) que se trataba de una falsificación. Entonces fue aprehendido y juzgado, no tanto por haber hecho una falsificación, que no la hizo, sino porque cruzó la línea de la verosimilitud del original. Durante el juicio, Van Meegeren exclamó: “ayer este cuadro valía millones. Los expertos y los amantes del arte llegaban desde todos los rincones del mundo para admirarlo. Hoy no vale nada y nadie cruzaría la calle ni para verlo gratis. Pero el cuadro es el mismo. ¿Qué es lo que ha cambiado?”

Lo que cambió fue que los cuadros no eran originales, pero lo curioso es que tampoco eran copias. El culto al original está ligado al culto a la verdad y en consecuencia, a la moral. Las pinturas de pintores europeos llevan por ello la firma del pintor, como también los textos académicos llevan la firma y se debe ser cuidadoso al citar, pues se debe referir al original como punto de partida de la validez y la veracidad. Este original no puede tener variaciones en el tiempo, no puede cambiar, no puede dejar de ser él.

Para los europeos, el no respetar lo original es una falta grave; por ello se ha generado toda una disciplina de derechos de autor, que no solo abarca obras literarias, sino también marcas y patentes. Hoy en día Van Meegeren es famoso por habernos cuestionado que lo que creemos por original parece ser simplemente una pulsión de nuestra modernidad.

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