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Renaturalizar

Somos ricos en megadiversidad, pero no la valoramos, ni tampoco la cuidamos en lo mínimo.

La Razón (Edición Impresa) / Marlene Quintanilla

06:47 / 02 de mayo de 2017

El vivir en el corazón de Sudamérica casi siempre me hizo pensar y evaluar, como boliviana, el privilegio de contar con beneficios ambientales que en otras regiones del mundo quizás son inalcanzables. De norte a sur, un mosaico de ecosistemas se extiende por el país, albergando aproximadamente 20.000 especies de plantas vasculares y más de 2.900 especies de vertebrados. Bolivia es el quinto país con más especies de aves del mundo, está entre los 10 de mayores especies de peces y la lista podría continuar. Somos ricos en megadiversidad, pero no la valoramos, ni la cuidamos en lo mínimo.

A punto de llegar a los 11 millones de habitantes, cada año los bolivianos perdemos bosques a un ritmo escandaloso de 200.000 hectáreas por año. Con la deforestación no solo se eliminan árboles, también se pierden ecosistemas equivalentes a 25 canchas de fútbol por cada hora que transcurre; y con ella, la biodiversidad junto a los beneficios ambientales que brinda. Su pérdida es imperceptible por la ciudadanía, quizás porque está enfocada en el desarrollo de una mayor infraestructura en su entorno.

La OMS, para mantener una adecuada calidad de vida, recomienda un estándar de 9 m2/habitante de áreas verdes. Por donde mire en la ciudad, no logro contabilizar esta superficie. Sin duda los espacios verdes no son prioridad para las grandes urbes del país. De hecho, el desarrollo urbano de la última década se caracteriza por el desorden, el caos y es una amenaza constante a los ecosistemas periféricos.

Por ejemplo, en Santa Cruz de la Sierra hoy se quiere atentar contra el cordón ecológico del río Piraí. Se han realizado muchas manifestaciones en contra de esta iniciativa impulsada por un diputado oficialista. Sin embargo, quizás tarde o temprano su destino sea desaparecer, como tantas áreas que hoy se observan como islas de bosque que refugian a la fauna silvestre atrapada en medio de la ciudad, como ocurre en proximidades del aeropuerto Viru Viru, donde habita un jaguar junto a muchas otras especies que luchan por sobrevivir ante diversas amenazas. Por ejemplo, en el caso del jaguar, hay pobladores que pretenden eliminarlo. A ello cabe añadir la falta de alimentos y el vertido de basura en exceso que es arrastrada por canales y drenajes desde la ciudad, junto a la elevada contaminación de las aguas que prepondera en la zona.

Como se vislumbra, dentro de poco las ciudades bolivianas ya no solo demandarán desarrollo de infraestructura; cada año la pérdida de beneficios ambientales hará que los ciudadanos exijan a sus autoridades la renaturalización de áreas. La naturaleza es sabia, ofrece armonía en la vida de cada boliviano, su pérdida exigirá recuperarla, porque sin ella no es posible alcanzar desarrollo sustentable, porque es la base del vivir bien. 

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