Columnistas

Barcelona y Messi pasean al Madrid en su propia casa

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

09:22 / 25 de diciembre de 2017

Tic tac, tic tac… Un pase vertical, otro al costado, vuelta atrás, Piqué a Busquets, Busquets a Iniesta, el 8 a Rakitic, alarga para Messi, el 10 a Sergi Roberto… Y siga el toque… Y a mover la bola, dos adelante, uno atrás, y siempre al pie… Los grandes maestros del toque decidieron arrancar el segundo tiempo a puro tiqui taca y los de enfrente miraban absortos, no entendiendo nada. ¿Qué es eso…? ¿Y yo… cuándo es mi turno…? Yo también quiero jugar… La pelota es un monopolio azulgrana. Ese ida y vuelta de pronto se quiebra con una vuelta sobre su eje de ese fenomenal titiritero que es Sergio Busquets, el 5 lanza un pase preciso a Rakitic, el croata avanza y avanza sin oposición porque el rival sigue como hipnotizado con el toqueteo, abre a la derecha para Sergi Roberto y el joven catalán, de primera, mete la puñalada a rastrón para la llegada de Suárez, derechazo y gol. Golazo del Barsa, que levanta la persiana del partido y da comienzo formal a su exhibición (una más…) sobre el Real Madrid. Terminará en un generoso 3 a 0, aunque pudo ser más abultado. Y pasa lo de casi siempre en los últimos diez años, o desde que está Messi: cuando el Barsa gana al Madrid, es con clase, con lujos, dando magisterio de fútbol. Cuando es al revés se habla de otros tópicos: velocidad, pujanza, potencia. Es como la diferencia entre el pintor de cuadros y el pintor de paredes.

Barcelona se sacó de encima el último partido bravo de la primera rueda con nota 10. Y dejó al Real Madrid a 14 puntos abajo. Que pueden ser 11 en realidad, pues el Madrid tiene pendiente un juego. No obstante, once es una ventaja grande como para descontarle a un equipo que va invicto en 17 fechas y que sólo ha recibido 7 goles en contra. Esto es, con un Barsa que muestra solidez defensiva. Y que en la segunda rueda tendrá de local al Real Madrid, al Atlético, al Valencia, al Athletic de Bilbao, al Villarreal. La partida de Neymar le ha quitado algo de floritura al Barsa, pero acaso lo fortaleció como equipo. En este Barcelona de Valverde no hay sitio para individualismos ni arabescos que no sirvan al equipo y al objetivo grupal, que es ganar todos los títulos posibles. También perdieron Atlético de Madrid y Valencia, con lo cual los perseguidores ven cada vez más pequeño al Barsa allá adelante.

El clásico planetario se jugó en el inusual horario de las 13 horas de Madrid, con lo cual muchos aficionados latinoamericanos debieron madrugar en sábado para verlo. Esto para satisfacer a la teleplatea asiática, especialmente china. “Queremos ofrecer a nuestros aficionados en Asia la oportunidad de ver el duelo entre el Real Madrid y el Barcelona en un horario adaptado a ellos”, explicó Joris Evers, director de comunicación mundial de la Liga Española. El indetenible crecimiento económico de los países asiáticos, unido a su numerosa población, ya hace que los grandes espectáculos acomoden sus horarios a ellos.

El clásico tuvo una audiencia televisiva calculada en 650 millones de personas. Hoy, es el gran enfrentamiento del fútbol mundial. Veremos cómo sigue cuando ya no estén Messi y Cristiano Ronaldo. No obstante, hay un mérito remarcable: estos dos gigantes (Barsa y Madrid) han logrado marcar el interés mundial por encima de un producto preciosamente envasado como la Premier inglesa.

Messi, justamente, es el azote del Madrid en la era moderna. Barcelona no era frecuente vencedor en el Bernabéu, incluso una vez estuvo 17 años sin ganar allí (1949-1966). Desde la aparición de Leo lo ha derrotado 8 veces en la capital, con actuaciones deslumbrantes y marcadores elocuentes: 6-2, 4-0, 4-3, 3-0, 3-1 (dos veces), 3-2, 2-1… Messi es el futbolista que más tantos le ha marcado al club de Di Stéfano: 25 goles. Y 15 de ellos en la Casa Blanca. Ayer, Zidane decidió dejar en el banco a Isco, Asensio y Bale para poner a Kovacic, un cuarto volante rápido y aplicado que persiguiera a Messi y lo marcara a presión. Messi fue la gran figura del campo una vez más, dio una clínica en el Bernabéu: armó juego, distribuyó, dirigió la orquesta, hizo pases magistrales que más bien parecieron regalos navideños para que cada compañero tuviera el gol de frente. Su tarea de distracción es verdaderamente fenomenal. En un momento determinado se para, se estaciona, camina, como desentendido del juego, para que el cancerbero se distraiga, busque jugar un instante la pelota y se aleje unos metros. Ahí encuentra el espacio mínimo para tomar contacto con la bola y hacer pesar su genio. Puso siete balones de gol. El último, fantástico, después de eludir a Marcelo como si fuese un poste, para que Aleix Vidal marque su gol y pase una bella Nochebuena.

Pero todo el Barsa está muy bien de salud. Ter Stegen muestra una evolución notable. Le falta mejorar su juego aéreo, pero ya está metiéndose en el lote de los indiscutibles, de los pilares. En el mano a mano es difícil hacerle gol. Enorme en esta campaña. Piqué estuvo gigantesco en el juego aéreo. De cada diez centros, ocho los rechaza él. Su problema es el mano a mano en carrera con un delantero, la carrocería y la edad, lentificaron sus desplazamientos. Pero estuvo sobresaliente. Sergi Roberto rezuma barcelonismo en cada poro, un jugador que con el tiempo cobrará la dimensión de los grandes, muy técnico, ofensivo. Sergio Busquets quedará en la historia como “EL CENTROCAMPISTA”. Hay que hacer un video con él y pasárselo a los chicos que quieren ser mediocentros. El puesto es él. Simple, bueno en la marca, extraordinario distribuidor, a un toque, a dos, con pausa, pisa el balón para darle tiempo al resto que se acomode, luego habilita, siempre preciso, a izquierda, a derecha, en profundidad. Nunca está apurado ni se atolondra. Siempre resuelve bien. No es un hombre, es un manual.

Ayer hizo un partido enorme Rakitic, a quien muchas veces criticamos por su lentitud y pocas ideas. Pero se crece en los partidos grandes. Tuvo una actuación defensiva perfecta y generó el primer gol con un arranque en el que atravesó todo el campo. Luis Suárez anotó de nuevo y está saliendo de un largo túnel de imprecisiones y falta de gol. Iniesta aportó su claridad, y Vermaelen intentó hacer olvidar a ese zaguerazo que es Umtiti, aún lesionado. Lo hizo bastante bien. Valverde está haciendo una tarea que bueno, bueno…

Vaya este detalle: en el minuto 25, Vermaelen, casi un cuerpo extraño dentro de este organismo catalán, salió del área y mandó un balonazo largo, al aire. Iniesta, que rara vez tiene un gesto descomedido hacia nadie, le llamó bastante severamente la atención: “Así, no, eh… Por abajo”. La pelota es sagrada y hay que cuidarla. Eso es el Barsa, su credo, su carta magna. Y su tesoro.

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