Columnistas

Normandía y su basura

La Razón (Edición Impresa) / Teresa Gutiérrez

00:00 / 10 de julio de 2018

En los últimos días ha salido a la luz pública un conflicto suscitado por el vertedero municipal de Normandía de la ciudad de Santa Cruz y el reclamo de los barrios aledaños, cuyos vecinos ya no quieren que los carros basureros ingresen y vacíen los desperdicios que genera la población de la capital cruceña. Por un lado, es evidente que la capacidad de carga de ese vertedero ya ha llegado a su máximo volumen; y por otro, que las autoridades responsables de este tema no le han dado la importancia debida a esta problemática ambiental.

Recientemente se decidió ampliar el uso del vertedero municipal hasta junio de 2019, hasta encontrar soluciones estructurales. Esperemos que hasta esa fecha se logre acondicionar efectivamente un nuevo lugar con los requerimientos técnicos, administrativos y logísticos necesarios para que no afecte social ni ambientalmente a otros barrios, municipios ni poblaciones aledañas.

Lo cierto es que producir basura cuesta dinero. Por cada kilogramo de basura que desechamos, estamos desperdiciando dinero, ya que actualmente no seleccionamos los residuos, ni los depositamos en centros de reciclaje o clasificación. Por otra parte, recoger, trasladar y tratar la basura es aún más costoso. Pero no hacemos nada al respecto, estamos a años luz de poder educarnos en este tema de generación, clasificación y tratamiento de la basura respecto a otras naciones.

Existen ciertas normas que indican que por educación no se debería arrojar desperdicios de ningún tipo en la calle. Al menos eso nos enseñan en las escuelas y en nuestras casas. Por civismo se debe respetar los espacios públicos no tirando basura en lugares indebidos; por ello se debería facilitar el desecho de la basura, o en su defecto debemos buscar basureros.

Asimismo, por respeto al medio ambiente no deberíamos inundar las calles ni canales de basura, ya que esto repercute negativamente en la comunidad. Además cuando llueve, el agua arrastra los residuos y tapa las bocas de tormenta (rejillas gigantes instaladas en las esquinas, bajo del cordón de la vereda) o en los canales por donde se va el agua de lluvia, haciendo que la calle se transforme en lagunas y/o que los canales rebalsen e inunden los barrios con basura.

Todos estamos llamados a colaborar con este tema. No solo nuestras autoridades y los vecinos de los barrios asentados en torno al vertedero de Normandía deben preocuparse por adoptar medidas o reclamar por los residuos. Cada uno de nosotros debe poner su grano de arena. Es hora de reciclar y reutilizar todo lo que se pueda; no tiremos la basura donde sea, eduquemos a nuestros hijos, vecinos y familiares en este tema.

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