Columnistas

Navidad bajo el volcán

Nuestro Estado, desde su fundación, estuvo siempre en permanente sedición

La Razón (Edición Impresa) / Édgar Arandia Quiroga

09:14 / 22 de diciembre de 2019

La palabra sedición se ha instalado en el imaginario político, y para Bolivia, esta seductora palabra de género femenino es parte de su vida misma. La sociedad boliviana siempre tiene respuestas al autoritarismo. Somos permanentemente sediciosos por nuestra característica de alzarnos colectivamente contra la autoridad, el orden público o la disciplina militar, sin llegar a la gravedad de la rebelión. Vale decir que los sediciosos siempre estamos a punto de consolidar un cambio estructural, pero nunca lo alcanzamos. Nuestro Estado, desde su fundación, estuvo siempre en permanente sedición. Nunca resolvimos nuestros problemas con una prolongada guerra civil como en otros países; así es que, cíclicamente, pugnamos por tolerarnos. Tenemos fracturas irresueltas hasta ahora: la étnica cultural, la geográfica y la económica.

En los siglos XIX y XX, el centro del poder político y económico republicano estaba sustentado en la minería occidental. Esa etapa se agotó al finalizar el siglo pasado, pasando la hegemonía económica al oriente boliviano. Espacio fecundo para la migración y la creación de logias conservadoras que se acomodaron, y desde donde los sectores más radicales prolongan su influencia a través de los medios de comunicación. Lo cual revela que los departamentos más pobres, situados en los espacios geográficos interandinos, están en condiciones desfavorables.

Así, el gobernador de La Paz, Félix Patzi, intentó desarrollar un programa de fortalecimiento de las industrias alimenticias en el departamento con proyectos de riego. El objetivo era promover la autonomía alimenticia y no depender de la producción de Santa Cruz y de los países limítrofes; pero los resultados fueron muy modestos. Las autoridades y líderes cívicos de Potosí apostaban por el litio. Y ahora que se quedaron en el aire, no salen de su estupor al comprobar que fueron usados por su principal dirigente, quien tenía otro propósito. Y su dependencia de los productores del oriente hoy es mayor.

Con el continuo discurso belicoso y amenazador del gobierno de la Sra. Áñez, el turismo, que beneficiaba a todo el Estado, está en ruinas. Muchos hoteles, restaurantes y pequeños emprendimientos han colapsado por el constante atropello a los extranjeros, que son considerados terroristas, guerrilleros, sediciosos. Lo cual ha generado una paranoia en las delegaciones extranjeras, que recomiendan no visitar Bolivia, por considerarla insegura y sin garantías.

Los ministros de Gobierno emiten declaraciones que luego son refutadas por sus otros colegas, infundiendo desconfianza y temor de lo que pueda pasar con la economía en el corto plazo. El Gobierno de transición ahora es de “aniquilación”, y no solo del turismo, sino también de sus opositores, de la misma manera que hicieron sus adversarios políticos; ahondando las fracturas sociales, culturales y económicas.

Los bibliólatras han devuelto el libro sagrado de la tradición judeo-cristiana al Palacio Quemado. Sería bueno que lo lean ahora que estamos en el mes cristiano más importante, y no lo usen como una excusa para seguir repartiendo odio y venganza, en vez de benevolencia y jubileo. Sabemos que eso de la pacificación es solo un eslogan devenido en aniquilación; y que en Sacaba y Senkata los huérfanos, las viudas y los heridos pasarán la noche más triste de sus vidas, ocasionado por miembros de la Escuela de Cóndores de Sanandita, grupo de élite de las FFAA, sustentado con dinero del pueblo boliviano, y cuya capacitación no debería ser usada contra la población, pero nuestros políticos conservadores no aprenden. Así, en la memoria popular quedarán como cruel testimonio los mariscales de la Pérez Velasco: el coronel Arturo Doria Medina (1979); el mariscal de la calle Harrington: el coronel Arce Gómez (1980); y el mariscal de las SS, (Senkata y Sacaba), capitán Fernando López (2019)…

El 21 de diciembre es tiempo del Illa pacha, cuando empieza el solsticio de verano y el preludio al tiempo hembra, fecundado por el Sol. Este día se modelan en arcilla los objetos que deseamos para exponerlos al calor del astro rey, luego se los acomoda en el nacimiento armado para rememorar el nacimiento de Jesús en una humilde cuna, para pedirle que se cumplan nuestros deseos. Ojalá la humildad penetre los corazones de los “pacificadores”.

Édgar Arandia Quiroga

es artista y antropólogo.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia