Columnistas

Megas eran las de antes

La Razón (Edición Impresa) / José Luis Exeni *

20:20 / 01 de junio de 2019

El portazo del candidato Carlos Mesa a la ya inviable, siempre reciclada, demanda/consigna de unidad opositora trajo consigo no solo un mensaje de futuro: no habrá candidatura única, sino en especial un recordatorio de pasado: “Comunidad Ciudadana no va a ser parte de una megacoalición”. El candidato naranja se refería así a la pauta distintiva de la democracia (im)pactada (de la que fue parte), asentada durante casi dos décadas (1985-2003) en coaliciones multipartidistas parlamentarias y de gobierno.

Visto ese pasado de (mega)coaliciones, algunas de ellas promiscuas y contranatura como la que hizo presidente al exdictador Hugo Banzer en 1997 (“Compromiso por Bolivia” ADN, MIR, UCS y Condepa), el mensaje de Mesa es correcto. Nadie quiere volver al pasanaku partidario devenido en “partidocracia”. Claro que, con miras a las elecciones generales de octubre, el dato innegable en el campo opositor es de dispersión. Ello no gustó a los abanderados de la u-ni-dad, muy unificadoramente enojados y violentos.

¿Es posible reeditar hoy, con nuevo barniz, una megacoalición? Está visto y dicho que tal puerta está cerrada. El tiempo de las alianzas fue hace seis meses, en el ámbito de las elecciones primarias. Y por diferentes razones e intereses, en ese momento, las gestiones de unidad naufragaron o desembocaron en acuerdos fallidos. Quedan las urnas y la apuesta por el voto estratégico, con seis variantes en el electorado boliviano: voto leal, voto útil, voto a ganador, voto cruzado, voto castigo y voto pena.

Más allá del reiterado aprendizaje en torno a la unidad interruptus, el siguiente momento relevante de los comicios, con plazo fijo en el calendario electoral (19 de julio), es la presentación de listas de candidaturas a senadurías, diputaciones y representantes supraestatales. Entonces se sabrá, al filo de la medianoche, en puertas del TSE, si hubo adhesiones, dedazos y/o rupturas. Deberá verificarse también que la selección o nominación interna haya seguido procedimientos democráticos y paritarios.

Y sí, megas eran las de antes. Hoy aplica el cuoteo corporativo (vía instrumento político) y, en su caso, el cuateo selectivo (todo con mis amigos, nada sin ellos). Igual en la previsión de un siempre probable “Gobierno dividido”: Ejecutivo sin mayoría en la Asamblea Legislativa, los actores políticos relevantes harían bien en pensar en futuros pactos. No en lógica de coalición, cierto, pero sí de acuerdos mayoritarios de legislatura. Mantener puentes en lugar de dinamitarlos, es la consigna.

FadoCracia insana

El candidato presidencial de UCeEse acaba de cometer un acto discriminatorio de lesa equivalencia: no quiere dar armas a las locas. Plantea privilegiar a las mujeres que, probadamente cuerdas, garanticen que solo espantarán a los agresores y no se agarrarán a tiros —pum, pum— con sus vecinas. Con los gatillos nunca se sabe.

Para ser justos, el patriarca no pretende marginar a todas las locas, sino solo a las que caben en la categoría “cualquier loca”. Claro que todavía no explicó cómo será el deslinde: ¿señora de su casa?, bienvenida, denle arma; ¿feminista desquiciada?, vade retro, desármenla. Y así, hasta identificar sin equívoco a las merecedoras.

La propuesta —bolsonarismo dixit— trae consigo una pedagogía sobre el uso letal de armas. No basta armar a las mujeres: hay que capacitarlas. Entiendan, juiciosas, “el arma no siempre es para matar” (sic). Disparen a herir o asustar. Claro que igual el potencial feminicida no las bajará de “locas”. Y volverá por ustedes. Diosito no protege ni perdona.

* es politólogo.

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