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Katari

La Razón (Edición Impresa) / Farit Rojas

01:55 / 04 de diciembre de 2017

El 29 de noviembre en horas de la noche, el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Vicepresidencia del Estado presentó uno de los títulos de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB), en un evento que contó con una puesta en escena de músicos, actores y bailarines. La plaza Murillo fue tomada, por unas horas, por esta performance, con la finalidad de presentar el libro Historia de la Rebelión de Tupac Catari, 1781-1782, de María Eugenia del Valle.

Esta nueva publicación del libro de María Eugenia del Valle de Siles trae como novedad un cuidadoso tratamiento de edición, que comprende la corrección de erratas evidentes, la adecuación bibliográfica según el estilo de la BBB y el cuidado de imágenes y mapas. Además se trasladó al final un apéndice que originalmente estaba en la mitad de la obra, en busca de facilitar la lectura. Adicionalmente, esta edición trae consigo un estudio introductorio muy valioso, realizado por el profesor de Historia Latinoamericana de la Universidad de Nueva York Sinclair Thomson.

En todo el estudio introductorio, el profesor Thomson se refiere a Julián Apaza como “Túpaj Katari”, y nos recuerda que la escritura de este libro fue un proyecto de vida, muy valiente, en tanto el entorno de María Eugenia del Valle de Siles era muy particular. Uno de sus hermanos llegó a ser ministro de Justicia y, posteriormente, canciller de Pinochet. Para completar sus estudios, María Eugenia recibió una beca del Instituto de Cultura Hispánica, organismo cultural del régimen del gobierno fascista de Franco en España. Entonces, decidir estudiar las insurgencias indígenas y en particular la de Túpaj Katari era un proyecto de vida valiente y audaz.

Ni bien Sinclair Thomson empieza su estudio introductorio nos señala que optará por escribir Túpaj Katari y no Tupac Catari, como decidió la autora, y señala que María Eugenia del Valle de Siles optó por la grafía Catari (con c) porque era común a la documentación de la época, en tanto él (Thomson) opta por Katari (con k) por ser la grafía común a nuestro tiempo y que se aproxima a la pronunciación en aymara.

Posteriormente, Thomson señala que una gran parte de las fuentes de archivo fueron escritas por “españoles peninsulares y criollos, y reflejan valores y mentalidad de la élite colonial”. Justamente, la grafía Catari (con C) sería reflejo de este archivo. Es decir, sería la grafía construida al interior del discurso de la élite, del discurso jurídico (en tanto una buena parte del archivo es judicial); y por ello una muestra, si bien muy pequeña, es la sujeción que se da con el nombre. Las palabras están, generalmente, sujetas a un discurso, y funcionan al interior de esta discursividad y reflejan las relaciones de poder de una época.

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