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Indolencia en la CNS

La Razón (Edición Impresa) / Columna sindical - Jorge Quispe

00:00 / 09 de septiembre de 2018

El viernes 3 de agosto, una niña de seis años se lastimó el rostro y comenzó a sangrar por la nariz después de salir del ascensor del Policlínico de la Caja Nacional de Salud (CNS) de la plaza Murillo. La pequeña tuvo que esperar dos horas y media, con un algodón en las fosas nasales, para que le hagan una radiografía y descarten una lesión grave.

El hecho sucedió aproximadamente a las 12.45, cuando junto a su madre, quien cargaba a su bebé de 10 meses, salían del ascensor y la niña se tropezó golpeándose las narices, que empezaron a sangrar profusamente. Durante esos minutos, dos enfermeras pasaron indolentes por el lugar y tomaron el ascensor. Se alejaron sin prestar atención a la niña que sangraba y lloraba.

La madre, desesperada ante la insensibilidad del personal de salud, gritó y pidió ayuda, hasta que por fin apareció otra enfermera que sí la socorrió para llevarla a la sala de emergencias. Allí, el médico auscultó a la pequeña, puso algodones y procedió a detener la hemorragia. Después dijo que era necesaria una radiografía para descartar alguna lesión en la nariz de la pequeña. Habían pasado 20 minutos y el médico derivó a la madre y a su hija a la sala correspondiente. “Vaya y pídale que le hagan una radiografía de urgencia”, instruyó el galeno.

Ambas fueron hasta ese consultorio, donde una mujer de la tercera edad ya esperaba su turno. Llegó el radiólogo, quien al ver a dos pacientes esperando en la puerta prefirió retornar al atrio del policlínico, junto a la oficina de Vigencia de Derechos, para hablar sin mayor apuro con sus colegas. El radiólogo tuvo tiempo incluso para comer unas galletas, mientras la niña, con algodones en la nariz, aún lloraba junto a su madre.

Así pasó una hora. A las 14.00 el radiólogo retornó, entró a su oficina, se sacó el mandil y luego marcó su tarjeta para terminar su turno de trabajo. Al final, la niña y su madre, junto con la mujer de la tercera edad, tuvieron que esperar a que la radióloga de la tarde los atendiera, pero desde las 15.00. Es decir, casi dos horas y media después de ocurrido el accidente en el ascensor.

En algunas oportunidades escuché que uno debe estar sangrando o realmente muy enfermo para ser atendido en la Caja Nacional de Salud, y lo que pasó ese viernes 3 de agosto es solamente una muestra de que el personal de salud del Seguro Social tiene mucho que aprender respecto a la calidez y la pronta atención de los pacientes.

La madre y la niña abandonaron el policlínico a las 16.00. Su intención aquella jornada era recibir atención dental para la pequeña, pero, por causa del accidente, no pudieron sacar una ficha para ser atendidas.

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