Columnistas

Guerra contra la soledad

El aislamiento social es más letal que fumar 15 cigarrillos al día o que la obesidad.

La Razón (Edición Impresa) / Nicholas Kristof

23:41 / 14 de noviembre de 2019

Los humanos somos una multitud solitaria, y eso nos está matando. El aislamiento social es más letal que fumar 15 cigarrillos al día o que la obesidad, según una investigación publicada por Julianne Holt-Lunstad de la Universidad Brigham Young. Debido a que la obesidad está asociada en Estados Unidos con entre 300.000 y 600.000 muertes al año, la implicación es que la soledad es un enorme, y silencioso, asesino.

Los investigadores aseguran que la soledad incrementa la inflamación, las enfermedades cardiacas, la demencia y las tasas de mortalidad y, especialmente, la depresión. La epidemia de opioides y las crecientes tasas de suicidios en EEUU tienen orígenes complicados, en parte económicos, pero también son el resultado del aislamiento social. Las familias numerosas se han disuelto, y las instituciones sociales como las iglesias y los clubes vecinales se han desgastado. Ya no estamos insertados en nuestras comunidades tan profundamente.

“Me especialicé en medicina interna, y esperaba que la mayor parte de mi tiempo la dedicaría a tratar pacientes con diabetes, padecimientos cardiacos o cáncer”, me dijo el doctor Vivek Murthy, quien fue la máxima autoridad sanitaria de EEUU durante el gobierno del presidente Barack Obama. “Lo que no esperaba era que tantas personas que yo atendía estuvieran luchando contra la soledad”.

Más de una quinta parte de los adultos en EEUU y el Reino Unido dijeron en una encuesta de 2018 que a menudo o siempre se sienten solos. Más de la mitad de los adultos estadounidenses no se ha casado, y los investigadores han descubierto que incluso entre los que están casados, el 30% de las relaciones están severamente afectadas. Una cuarta parte de los estadounidenses ahora viven solos, y, como dice la canción, uno es el número más solitario.

El egoísmo puede ser un indicador del aislamiento social. Murthy dice haber visto familias dejar a sus parientes en un hospital para el Día de Acción de Gracias o un fin de semana largo. En el hospital, los médicos a veces son los únicos en presenciar la muerte de un paciente, sin que ninguno de sus seres queridos esté presente.

La soledad afecta a la salud física de dos maneras. Primero, produce hormonas del estrés que pueden provocar inflamación y otros problemas de salud. Segundo, las personas que están solas tienen menos probabilidades de acudir a citas médicas, que tomen medicamentos o que se ejerciten y sigan una dieta saludable. Podemos resentirnos por regañar a nuestros seres queridos, pero nos pueden mantener vivos.

En el Reino Unido incluso han impulsado la campaña “Hablemos de soledad”, la cual ha puesto en evidencia conversaciones difíciles en todo el Reino Unido, y está entregando pequeñas ayudas económicas a clubes locales de jardinería, grupos de observación de aves y otros para que puedan difundir el mensaje e invitar a más personas a unirse. También apoya las “bancas amistosas”, que son bancas públicas creadas para que las personas puedan ir y conversar. El ministerio ejerce presión para mantener abiertos los espacios comunitarios y evitar que el transporte público sea interrumpido de maneras que aíslan a las personas. El Gobierno también está colocando trabajadores sociales en consultorios médicos para dar “recetas sociales” y, de esta manera, conectar a pacientes solitarios con organizaciones locales.

Algunos piensan que internet ha agravado el problema, pues un vistazo a Facebook o Instagram hace parecer que todas las personas en el mundo están pasando momentos fabulosos y disfrutan de relaciones perfectas. Mientras tanto, las razones para abordar el tema son convincentes. “Si pudiéramos enfrentar la soledad”, dijo Murthy, “las personas se sentirían más fuertes, más resilientes, más optimistas sobre el futuro”. Holt-Lunstad ha descubierto que una mayor conexión social está relacionada con un 50% menos de riesgo de sufrir una muerte temprana.

Australia, Canadá, Alemania y Nueva Zelanda han mostrado interés en adoptar los enfoques británicos. Tal vez Estados Unidos también debería experimentar. ¿Qué tal un nuevo puesto en el Departamento de Salud y Servicios Humanos? ¿Un secretario asistente para la soledad? 

* Periodista y analista político, columnista del New York Times. © The New York Times, 2019.

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