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Felipillos

Llama la atención el accionar de algunos dirigentes indígenas funcionales al neoliberalismo.

La Razón (Edición Impresa) / Reymi Ferreira

00:05 / 16 de mayo de 2018

Días atrás, uno de los dirigentes cocaleros de los Yungas manifestó su intención de organizar un partido político para enfrentar al presidente Morales en las próximas elecciones. Nótese que no llama a crear una organización para enfrentar a las expresiones políticas del empresariado (Doria Medina, Quiroga, Mesa, Costas) sino a otro líder indígena. Otro político indígena con las mismas intenciones es el gobernador de La Paz, Félix Patzi, exmasista venido a menos por actos reñidos con la ética pública.

Sin embargo, el más preocupado por la falta de unión de las fuerzas derechistas es el aymara Víctor Hugo Cárdenas, quien como vicepresidente de Gonzalo Sánchez de Lozada firmó la Ley de Capitalización en 1994, por la cual prácticamente se regalaron a intereses extranjeros las empresas estatales ENTEL, LAB, YPFB, Vinto, ENFE y ENDE. Estos personajes, al igual que Rafael Quispe, son émulos de Felipillo, un indígena traductor de Francisco Pizarro en la invasión al Perú que traicionando a sus hermanos se puso al servicio de los españoles, caracterizándose por su doblez y franca deslealtad con los propios, pasando a la historia como el ejemplo perfecto del desclasado.

Como nunca antes en la historia boliviana, la población indígena y campesina ha logrado un notable empoderamiento en la última década, en la que se han roto barreras, se ha abierto la administración en todos los niveles del Estado a los sectores históricamente discriminados desde la Colonia, y se ha consolidado como actor fundamental e indispensable —a partir de ahora— de la política boliviana.

A diferencia del pasado, cuando los indígenas fueron utilizados simbólicamente como relleno para legitimar políticas antinacionales al servicio de las élites (como fue el caso de Víctor Hugo Cárdenas o de Tomasa Yarhui), hoy los indígenas y campesinos no solo lograron una Constitución que garantiza el pluralismo político, jurídico, cultural y económico, sino también programas de inclusión efectiva y un rol político singular en el continente.

Llama la atención, sin embargo, el accionar de algunos dirigentes indígenas funcionales al neoliberalismo, quienes forman parte de proyectos restauradores en el que no juegan otro papel que el de simples peones, en la estrategia de la derecha de recuperar el poder. Saben que no tienen posibilidad de llegar al Gobierno con un proyecto propio; y son conscientes de que en el mejor de los casos podrían ayudar a vencer, a través de la división, a los movimientos sociales, que liderados por un indígena han desarrollado las políticas de gobierno más efectivas en Bolivia a lo largo de su historia.

Este papel al que se prestan nos recuerda a los agitadores callejeros obreros y universitarios al servicio de la rosca minera, que incitaron al ahorcamiento del presidente Gualberto Villarroel en nombre de la democracia; así como también, a los indígenas que delataron a Túpac Amaru en 1781 ante las huestes españolas. Los felipillos contemporáneos son solo instrumentos que forman parte de la estrategia neoconservadora que pretende recuperar los espacios perdidos en las próximas elecciones, enemigos de su propio pueblo.

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